Hace cuatro o cinco años, mientras formaba parte del cuerpo docente de la Universidad de Belgrano, era habitual que el rector nos convocase a participar de reuniones en las que se debatían las problemáticas que detectábamos en el aula y se formulaban propuestas de mejora.
Recuerdo que en uno de aquellos encuentros comenté entre mis colegas que me sorprendía como mis alumnos, que estaban cursando en ultimo año de la carrera, no podían explicar qué significaba el ¨trabajo en negro¨. Muy pocos habían tenido contacto con el mercado laboral. Evidentemente, ni la universidad se había encargado de transmitirles a qué se refiere el concepto de empleo formal o informal, ni el núcleo familiar de los estudiantes había encarado el tema.
Podríamos agregar a este ¨bache académico¨ que quienes estaban cursando la asignatura, en menos de un año, estarían habilitados para ejercer su profesión (que, dicho sea de paso, debe ser bastante representativa en cuanto a informalidad...).
No tuve respuestas de mis compañeros docentes pero sí, una rápida contestación de la máxima autoridad de la Universidad: ¨hacemos lo único que podemos hacer, todos los estudiantes deben cumplir con ciertas horas de pasantías para cumplir con la currícula, antes de graduarse¨. Y agregó, ¨además las grandes universidades del mundo buscan que sus alumnos dediquen su energía a terminar su carrera y no a diversificarla, trabajando antes de graduarse¨.
En ese momento no respondí. Pensé que quizás mi planteo estaba fuera de foco y que quienes se graduaran ya aprenderían cómo funciona una relación de trabajo, cuando trabajasen. De cualquier manera, como mi asignatura era Psicología del Trabajo, les hablaría de estas cuestiones a quienes asistiesen a mis clases.
Pasaron los años y hoy veo un artículo del Diario El Mundo, de España, en el que se resalta cómo, a partir de las dificultades que tienen los jóvenes en conseguir empleo, se disparan las consultas por trastornos de ansiedad y depresión. Incluso se discute acerca de si esta puede ser una causa de una extensión de la adolescencia ya que, la imposibilidad de lograr autonomía, hace que estos ¨cuasi adultos¨ deban quedarse en casa de su padres por más tiempo que el que quisieran. Como frutilla de postre se agrega un hallazgo interesante: la dificultad de insertarse en el mercado coincide con la generación mejor formada en toda la historia de España.
Opino que debemos tomar esta información teniendo en cuenta el contexto. Probablemente nuestras Universidades y familias sí que enseñen a sus alumnos e hijos a cómo deben manejarse en un contexto de inestabilidad y cambio. Y, lo que a los ojos de la juventud española es una enorme crisis de inestabilidad y falta de previsión, para nuestros muchachos puede ser un gigantesca oportunidad para intervenir y generar soluciones ya que están bien ¨entrenados¨ para gestionar la incertidumbre.
Podemos extender esta problemática a nuestro país?
Si es así, deberíamos aconsejar a nuestros hijos que trabajen y que no estudien?
Es cierto que primero hay que estudiar y formarse y, recién después, trabajar?
La Universidad está cumpliendo su rol de formar futuros profesionales que tengan participación en el mercado?
El ¨mercado¨ está solicitando a la Universidad lo que necesita?
O hay que incentivar a las personas del mercado para que se acerquen a los alumnos, intercambien y se nutran mutuamente?
Los padres hacen bien en solventar los estudios de sus hijos de tal manera que no tengan que preocuparse por sus gastos y puedan dedicarse a estudiar, o están fallando en su preparación?
Poco a poco, debemos ir modificando paradigmas y generar canales de retroalimentación entre el mercado de trabajo y los centros de estudios para que los graduados participen y aporten nuevas ideas. Ese será su mejor aporte. Preparemos a nuestros jóvenes para lo puedan concretar.
Mostrando las entradas con la etiqueta Mercado Laboral. Mostrar todas las entradas
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4.4.16
21.3.16
Trabajo Independiente Nota 5 - El mito de Perseguir un Sueño.
Una de las recomendaciones más usadas e inspiradoras de todos los gurúes del emprendimiento es la de no dejar de Perseguir un Sueño. Frases como ¨si lo soñas es posible¨o ¨nunca dejes de soñar¨ son de aquellos mandatos difíciles de discutir. Quién puede negarse a pensar en poner la energía en hacer lo uno quiere, en lograr lo que se anhela? Y es más, el no hacerlo puede generar un sentimiento de abandono a nuestros propios deseos e intereses y hasta la horrible sensación de la infelicidad.
¨He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer, no he sido feliz¨, decía Borges. No era, en realidad, el prototipo de las personas que lo han pasado bien en su vida...
Pero que es, en la realidad, ¨perseguir los sueños¨.
Da la sensación que los emprendimientos exitosos son sueños cumplidos. Como si alguien hubiese imaginado la maravilla de compartir casas y departamentos, de generar un espacio para encontrarse con los demás y ponerse al tanto de la vida, organizar horarios para reservar restaurantes, vender comidas en camiones que se mueven por la ciudad y miles de ejemplos de proyectos que funcionan y son rentables. Quizás, sí se trata de sueños hechos realidad. No lo sé.
Sin embargo me permito ponerlo en duda: lo que llamamos ¨sueños¨, esas ideas o imágenes que creemos que nos harán felices si las llevamos a cabo, difieren bastante de los hechos objetivos cuando se concretan. Un lugar para ir de vacaciones, un departamento para vivir, un auto, un amor poco alcanzable y que finalmente conseguimos...no resultaron, en la práctica, tan maravillosos como cuando los soñábamos.
Existe una especie de mito - y exigencia - sobre no bajar los brazos y poner energía en la realización de nuestros sueños.
Los emprendimientos son el resultado de una idea, una oportunidad, la correcta administración de los recursos disponibles, mucho esfuerzo y atención a los datos del mercado.
Conseguir que funcione es una gran satisfacción.
Probablemente muy distinta a lo que soñamos, pero real.
¨He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer, no he sido feliz¨, decía Borges. No era, en realidad, el prototipo de las personas que lo han pasado bien en su vida...
Pero que es, en la realidad, ¨perseguir los sueños¨.
Da la sensación que los emprendimientos exitosos son sueños cumplidos. Como si alguien hubiese imaginado la maravilla de compartir casas y departamentos, de generar un espacio para encontrarse con los demás y ponerse al tanto de la vida, organizar horarios para reservar restaurantes, vender comidas en camiones que se mueven por la ciudad y miles de ejemplos de proyectos que funcionan y son rentables. Quizás, sí se trata de sueños hechos realidad. No lo sé.
Sin embargo me permito ponerlo en duda: lo que llamamos ¨sueños¨, esas ideas o imágenes que creemos que nos harán felices si las llevamos a cabo, difieren bastante de los hechos objetivos cuando se concretan. Un lugar para ir de vacaciones, un departamento para vivir, un auto, un amor poco alcanzable y que finalmente conseguimos...no resultaron, en la práctica, tan maravillosos como cuando los soñábamos.
Existe una especie de mito - y exigencia - sobre no bajar los brazos y poner energía en la realización de nuestros sueños.
Los emprendimientos son el resultado de una idea, una oportunidad, la correcta administración de los recursos disponibles, mucho esfuerzo y atención a los datos del mercado.
Conseguir que funcione es una gran satisfacción.
Probablemente muy distinta a lo que soñamos, pero real.
7.3.16
Trabajo Independiente - Nota 3 - Los independientes nos enfermamos menos -
Hace muchos años, cuando trabajaba en el rubro Personal Eventual, recuerdo lo importante que era saber, con precisión, cuánto días al mes trabajaba una persona. El concepto de ¨días caídos¨ era clave para estimar los costos que insumían cada uno de los colaboradores. A la empresa se le cobraba un coeficiente que se aplicaba sobre el sueldo bruto y que incluía los períodos no laborables por enfermedad, accidente o licencia. Recuerdo que el concepto alcanzaba a un 4 al 6 % mensual. Es decir que de 240 días de trabajo efectivo, en el año, unos 12, no se trabajaban...
Un promedio interesante, si lo comparamos con el trabajador independiente.
La verdad es que no cuento con estadísticas respecto a este ítem pero voy a tomarme como ejemplo: ya no recuerdo cuando fue la última vez que dejé de trabajar por estar enfermo o haberme accidentado. Quizás un día en estos últimos 10 años, anulé algún horario porque estaba con fiebre. Ni siquiera estoy seguro...lo supongo.
Será que los que trabajamos de manera independiente tenemos más anticuerpos y nos enfermamos menos?
El hecho no estar en contacto, todos los días y constantemente, con compañeros, superiores y otros con quienes compartimos espacios en común, reduce la posibilidad de contagio?
Estaremos, constantemente, dentro de nuestras casas u oficinas, sin riesgo de accidentarnos?
Cuando los autonómos estudiamos, las carreras son más fáciles y no necesitamos ¨días por examen¨?
Tendremos menos compromisos familiares o personales - casamientos, muertes, mudanzas - porque somos autónomos y aislados?
Me resisto a creer que quienes trabajan en relación de dependencia y se ausentan al trabajo, muchas veces, están exagerando y podrían seguir adelante con sus tareas. Tampoco pienso que le prestan más atención a sus propios síntomas y faltan al trabajo preventivamente, para evitar males mayores. Y menos que ¨los independientes¨ seamos más sanos y más fuertes que el resto de los mortales.
La explicación es más simple, creo. Los autónomos, cuidamos nuestro trabajo porque de él dependen nuestros ingresos.
Apenas hace frío, nos abrigamos. Tomamos precauciones y estudiamos cuando tenemos tiempo libre. Si estamos lastimados - y tratamos de no lastimarnos - , nos las arreglamos para seguir trabajando porque el lucro cesante nos impacta de lleno en nuestros bolsillos. Y hasta protestamos porque hay demasiados feriados que hacen que nuestros ingresos puedan disminuir.
Organizamos nuestros ¨días y horas caídos¨ de acuerdo a nuestra conveniencia, tratando que no impacten en el resultado de nuestra actividad. Tenemos ¨la camiseta puesta¨ como pocos, no hace falta que nadie nos recuerde cuál es nuestro compromiso. Somos los dueños de nuestro trabajo, nos rendimos cuentas a nosotros mismos.
La relación de dependencia promueve el delegar los resultados en otros...y desligarse de algunas responsabilidades.
La responsable de Recursos Humanos de una empresa, una vez me dijo: ¨yo soy una profesional independiente que trabaja en relación de dependencia¨. Quizás sea esta la manera en que todos debiéramos entendernos como personas de trabajo.
Un promedio interesante, si lo comparamos con el trabajador independiente.
La verdad es que no cuento con estadísticas respecto a este ítem pero voy a tomarme como ejemplo: ya no recuerdo cuando fue la última vez que dejé de trabajar por estar enfermo o haberme accidentado. Quizás un día en estos últimos 10 años, anulé algún horario porque estaba con fiebre. Ni siquiera estoy seguro...lo supongo.
Será que los que trabajamos de manera independiente tenemos más anticuerpos y nos enfermamos menos?
El hecho no estar en contacto, todos los días y constantemente, con compañeros, superiores y otros con quienes compartimos espacios en común, reduce la posibilidad de contagio?
Estaremos, constantemente, dentro de nuestras casas u oficinas, sin riesgo de accidentarnos?
Cuando los autonómos estudiamos, las carreras son más fáciles y no necesitamos ¨días por examen¨?
Tendremos menos compromisos familiares o personales - casamientos, muertes, mudanzas - porque somos autónomos y aislados?
Me resisto a creer que quienes trabajan en relación de dependencia y se ausentan al trabajo, muchas veces, están exagerando y podrían seguir adelante con sus tareas. Tampoco pienso que le prestan más atención a sus propios síntomas y faltan al trabajo preventivamente, para evitar males mayores. Y menos que ¨los independientes¨ seamos más sanos y más fuertes que el resto de los mortales.
La explicación es más simple, creo. Los autónomos, cuidamos nuestro trabajo porque de él dependen nuestros ingresos.
Apenas hace frío, nos abrigamos. Tomamos precauciones y estudiamos cuando tenemos tiempo libre. Si estamos lastimados - y tratamos de no lastimarnos - , nos las arreglamos para seguir trabajando porque el lucro cesante nos impacta de lleno en nuestros bolsillos. Y hasta protestamos porque hay demasiados feriados que hacen que nuestros ingresos puedan disminuir.
Organizamos nuestros ¨días y horas caídos¨ de acuerdo a nuestra conveniencia, tratando que no impacten en el resultado de nuestra actividad. Tenemos ¨la camiseta puesta¨ como pocos, no hace falta que nadie nos recuerde cuál es nuestro compromiso. Somos los dueños de nuestro trabajo, nos rendimos cuentas a nosotros mismos.
La relación de dependencia promueve el delegar los resultados en otros...y desligarse de algunas responsabilidades.
La responsable de Recursos Humanos de una empresa, una vez me dijo: ¨yo soy una profesional independiente que trabaja en relación de dependencia¨. Quizás sea esta la manera en que todos debiéramos entendernos como personas de trabajo.
20.2.16
Trabajo independiente - Nota 1 - el mes de febrero
De qué estamos hablando?
Desde hace tiempo vengo pensando en escribir sobre las características del trabajo independiente. Me interesa compartir mis ideas y sensaciones acerca de mi modalidad de trabajo. También quiero reflexionar sobre la relación entre el trabajo independiente y el ¨emprendimiento propio¨, si es que realmente existe, y pensar si mi experiencia podría ser útil a quienes se encuentran desarrollando nuevos proyectos.
Para poder abarcar el tema voy a intercalar apreciaciones generales con puntos específicos. Por un lado, lo que me va pasando como profesional independiente, día a día, y, por el otro, lo que fui descubriendo en todos estos años y que conforman, algo así, como los conceptos que la sustentan.
Veamos cómo resulta.
Creo que el mes de febrero es el momento indicado para iniciar esta serie de posts. Es uno de esos pequeños mojones, que se repiten año a año, y que hacen a la esencia de los ¨autónomos¨. En nuestro país, en enero y febrero, la gente se va de vacaciones. Yo incluído. Como trabajo por mi cuenta, puedo disponer cuándo quiero tomarme un descanso, por cuánto tiempo y pensar cómo me manejo con mis clientes, cuando no estoy presente. Esta es una de las grandes ventajas, sin ninguna duda, de la ¨autonomía¨.
Desde hace ya ocho años, me estoy tomando un mes de vacaciones. Mi mujer me convenció y no le costó mucho! En enero de 2008, asustado por cómo iba a resolver el ¨lucro cesante¨ que implicaba 30 días sin trabajar, descubrí una posibilidad que me permitiese contar con cierta parte de mis ingresos. Partamos de la base que soy Psicólogo. En ese momento me dedicaba a atender pacientes - en enero y febrero baja la actividad, casi un 90 % - y a hacer evaluaciones psicotécnicas para empresas. Respecto a estos estudios, se me ocurrió buscar a un profesional que pudiese entrevistar, administrar las técnicas y mantener un adecuado contacto con el cliente. La persona debía seguir mis indicaciones y respetar los aspectos a los que apuntar durante el encuentro con el entrevistado, el tipo de tests que debía manejar y cómo enunciar las consignas además de consensuar la manera de relacionarse con el cliente (mantenerlo al tanto de cuándo se realiza la entrevista, estar a disposición por si aparecen dudas y cualquier otro aspecto operativo para que ¨no se note la diferencia¨). Con el material obtenido, me lo enviaría escaneado y agregando sus observaciones y yo confeccionaría el informe correspondiente para enviarlo al cliente. La estrategia funcionó muy bien y fui ¨puliendo¨ diferentes puntos hasta llegar al año 2016, en el que mi ¨profesional asociado¨ - para utilizar un término más marketinero - está en condiciones de hacer el informe por sí mismo. Este verano utilicé este recurso ya que, durante 20 días, estuve en un lugar en el que no tenía conexión a Internet.
Los clientes comprenden perfectamente la situación y colaboran con mi colega para que pueda hacer su trabajo. El mecanismo está tan aceitado que lo repito en diferentes localidades del país, durante el año. Es así como extendí mis servicios a Córdoba, Jujuy, Santa Cruz e, incluso, Uruguay.
El profesional factura por su trabajo, yo por el mío, y me queda una diferencia.
Con el correr de los años fui incrementando mi oferta de servicios y, actualmente, otra profesional asociada ¨sigue¨ las búsquedas que están en marcha cuando yo me voy.
Las únicas prestaciones que no puedo suplantar - por lo menos por ahora - son las que precisan mi intervención directa como Team Buildings, evaluaciones masivas o aquellas que requieran un expertise específico.
Pero volvamos al ¨mes de febrero¨ que es de donde partimos: si bien encontré una manera de paliar la falta de ingresos, no es suficiente. La baja de dinero en el bolsillo se suma a una menor demanda estacional. Febrero resulta, finalmente, un sinónimo de incertidumbre, elucubraciones respecto de cuáles son los gastos que podría reducir si el trabajo no aparece, tratar de cobrar rápidamente todo lo pendiente, contactar a todos los clientes activos y no activos para recordarles que ¨aquí estoy¨, pensar en nuevos productos (envidiar, por momentos, a quienes cuentan con un sueldo y no tienen que preocuparse por estos avatares) y escribir posts!!
Los años me enseñaron que se sobrevive a los ¨febreros¨. Pero es inevitable la sensación de inquietud y temor hasta que la rueda empieza a girar nuevamente.
Algunas conclusiones, después de este pequeño recorrido
Revisando lo escrito y cumpliendo con mi compromiso, van algunos conceptos sobre el trabajo independiente:
Es la necesidad la que empuja a la innovación.
Es uno el que dispone de su tiempo pero, a su vez, implica la responsabilidad por la administración de todos los recursos. Los ingresos son variables.
La relación con los clientes es de ¨uno a uno¨ y se genera una relación fuerte. Los clientes ¨ayudan¨ cuando perciben un trabajo serio y confiable.
Es importante contar con la colaboración de otros profesionales y trabajar en el vínculo, dedicarles tiempo.
Cuando todo funciona bien, la calidad de vida laboral es muy buena.
Probablemente se pueda ganar en tranquilidad con una mejor planificación (la verdad es que me cuesta!).
Hasta la próxima!!
24.8.15
Comisiones o sobornos: falta de ética o falta de madurez?
Ayer, domingo, leí un artículo de La Nación en el que destacaba la iniciativa del gobierno de Brasil al conseguir que los involucrados en el ¨Caso Petrolao¨, devolviesen buena parte de las comisiones que habían pagado para que sus compañías resultasen beneficiadas con la adjudicación de sendos contratos con el estado.
En pocas palabras, una buena cantidad de empresas proveedoras que, a través de coimas consiguieron facturaciones millonarias, ahora pactan con la justicia del mismo país al que estafaron una reducción de la sanción porque se muestran arrepentidos y reintegran parte de lo que ganaron.
No tengo claro cuánto es la cifra que están pagando en relación a las ganancias que obtuvieron. Lo que sí veo es que se genera un mecanismo que invita a realizar estas prácticas sin temor a grandes represalias.
Y, desde ya, que esto no pasa sólo en Brasil. Un ejemplo cercano y similar lo tenemos en nuestro país, con quienes hace muy poco fueron descubiertos como una organización que hace más de 20 años ¨maneja¨ el mercado de las transmisiones y ventas de espacios publicitarios relacionados con el fútbol a través de un circuito absolutamente alejado de lo formal. En este caso, los arrepentidos están consiguiendo reducciones de penas que llegarían al cumplimiento de las mismas en libertad, a cambio de brindar información y reintegrar fondos mal habidos.
Estoy seguro que en las compañías que están a la vanguardia de la adaptación al mercado, ya tienen analizados mecanismos que acompañen estas acciones. Probablemente algún gerente general esté conversando con su gerente de administración sobre las previsiones contables en relación a la posibilidad que el pago de comisiones pueda ser descubierto. Algo similar a la depreciación de un bien de uso a través de la amortización ocurrirá como ¨previsión por reintegro de coimas si se descubre¨.
Es notable como la práctica del pago de sobornos está institucionalizado.
Recuerdo el ejemplo más burdo y aceptado por el mundo entero: cuando USA invadió Irak, por el ¨bien del mundo civilizado y contra el eje del mal¨, ya tenía cedidos los contratos con cientos de empresas que serían las encargadas de reconstruir el país, luego de la guerra! Notable la habilidad de estos hombres de negocios: destruyen para ganar dinero con la reconstrucción.
Quizás mi indignación no sea más que un reflejo de mi inmadurez para encarar los negocios, coincidente con la cultura latinoamericana...
Probablemente, cuando nuestra región sea más seria y profesional, podamos blanquear que los contratos y las licitaciones están definidos en conversaciones previas y no haya necesidad de un concurso. Al poner sobre la mesa de negociación todos los intereses, sin tener que ocultarlos detrás de una falsa moral, los resultados serán mejores para todos. Seremos capaces de tener en cuenta el cuidado del ambiente y el comercio justo, por ejemplo?
Quizás no tenga que ver la ética, sino, la madurez.
Qué opinan?
En pocas palabras, una buena cantidad de empresas proveedoras que, a través de coimas consiguieron facturaciones millonarias, ahora pactan con la justicia del mismo país al que estafaron una reducción de la sanción porque se muestran arrepentidos y reintegran parte de lo que ganaron.
No tengo claro cuánto es la cifra que están pagando en relación a las ganancias que obtuvieron. Lo que sí veo es que se genera un mecanismo que invita a realizar estas prácticas sin temor a grandes represalias.
Y, desde ya, que esto no pasa sólo en Brasil. Un ejemplo cercano y similar lo tenemos en nuestro país, con quienes hace muy poco fueron descubiertos como una organización que hace más de 20 años ¨maneja¨ el mercado de las transmisiones y ventas de espacios publicitarios relacionados con el fútbol a través de un circuito absolutamente alejado de lo formal. En este caso, los arrepentidos están consiguiendo reducciones de penas que llegarían al cumplimiento de las mismas en libertad, a cambio de brindar información y reintegrar fondos mal habidos.
Estoy seguro que en las compañías que están a la vanguardia de la adaptación al mercado, ya tienen analizados mecanismos que acompañen estas acciones. Probablemente algún gerente general esté conversando con su gerente de administración sobre las previsiones contables en relación a la posibilidad que el pago de comisiones pueda ser descubierto. Algo similar a la depreciación de un bien de uso a través de la amortización ocurrirá como ¨previsión por reintegro de coimas si se descubre¨.
Es notable como la práctica del pago de sobornos está institucionalizado.
Recuerdo el ejemplo más burdo y aceptado por el mundo entero: cuando USA invadió Irak, por el ¨bien del mundo civilizado y contra el eje del mal¨, ya tenía cedidos los contratos con cientos de empresas que serían las encargadas de reconstruir el país, luego de la guerra! Notable la habilidad de estos hombres de negocios: destruyen para ganar dinero con la reconstrucción.
Quizás mi indignación no sea más que un reflejo de mi inmadurez para encarar los negocios, coincidente con la cultura latinoamericana...
Probablemente, cuando nuestra región sea más seria y profesional, podamos blanquear que los contratos y las licitaciones están definidos en conversaciones previas y no haya necesidad de un concurso. Al poner sobre la mesa de negociación todos los intereses, sin tener que ocultarlos detrás de una falsa moral, los resultados serán mejores para todos. Seremos capaces de tener en cuenta el cuidado del ambiente y el comercio justo, por ejemplo?
Quizás no tenga que ver la ética, sino, la madurez.
Qué opinan?
26.10.14
Fondation Forge - Nuevo Proyecto -
A fines del año pasado tomé la decisión de dejar de dar clases en la facultad, por un año, y dedicar ese tiempo/energía a colaborar con algún proyecto de los llamados "sociales". Me sentía poco satisfecho con mi actividad docente: por un lado no podía evitar enojarme por lo poco que percibía de sueldo en relación a lo mucho que mis alumnos pagaban como cuota y, por el otro, sentía una exigencia administrativa que no estaba correspondida con ningún beneficio que alentara mis ganas de dar clases. Casi imposible conseguir un cañon para pasar un ppt y mucho menos estacionar en el predio de la facultad que, aunque estuviese vacío, tenía uso restringido a determinados personajes con antigüedad o cargos que nunca llegué a conocer del todo.
Llegué a la Fondation Forge.
Mi primer contacto con la fue a través de un cliente. Tuve que evaluar a varias postulantes jóvenes, de bajos recursos, que habían llegado a la empresa a través de esta fundación. El objetivo de esta organización es acercarse a las escuelas secundarias del conurbano o barrios carenciados, detectar a alumnos de los últimos años con buen potencial, brindarle capacitación específica en áreas requeridas por el mercado laboral - gastronomía, logística, administración - y en competencias blandas - trabajo en equipo, compromiso, comunicación - para luego vincularlos con empresas con necesidades de recursos.
Es una manera de promover el trabajo formal y de buena calidad, actuando como un agente de formación para insertarse en el mercado laboral.
Me pareció un proyecto interesante en el que podía agregar valor, tanto desde mi eperiencia como psicólogo laboral como desde mi trabajo clínico, con adolescentes.
Me contacté con algunos referentes e inicié mi colaboración.
Ya tuve varios contactos: dos reuniones grupales y algunas charlas individuales para conocerlos, orientarlos y ver cómo se desenvuelven en las entrevistas.
Recién estoy conociendo la problemática y ya he escuchado historias que valdrán la pena comentar en próximos posts.
Se genera una intersección entre la etapa evolutiva, el marco social en el que estos chicos se mueven y crecieron y las particularidades del contexto, en el que incluyo al empresariado local.
Embarazos adolescentes, necesidades básicas poco cubiertas, miedo a crecer, falta de oportunidades en trabajos de buena calidad, empresas que se aprovechan de las necesidades y muchas alternativas disponibles en el mercado informal generan una amalgama de factores que operan uno sobre otros. Hay mucho para trabajar.
Llegué a la Fondation Forge.
Mi primer contacto con la fue a través de un cliente. Tuve que evaluar a varias postulantes jóvenes, de bajos recursos, que habían llegado a la empresa a través de esta fundación. El objetivo de esta organización es acercarse a las escuelas secundarias del conurbano o barrios carenciados, detectar a alumnos de los últimos años con buen potencial, brindarle capacitación específica en áreas requeridas por el mercado laboral - gastronomía, logística, administración - y en competencias blandas - trabajo en equipo, compromiso, comunicación - para luego vincularlos con empresas con necesidades de recursos.
Es una manera de promover el trabajo formal y de buena calidad, actuando como un agente de formación para insertarse en el mercado laboral.
Me pareció un proyecto interesante en el que podía agregar valor, tanto desde mi eperiencia como psicólogo laboral como desde mi trabajo clínico, con adolescentes.
Me contacté con algunos referentes e inicié mi colaboración.
Ya tuve varios contactos: dos reuniones grupales y algunas charlas individuales para conocerlos, orientarlos y ver cómo se desenvuelven en las entrevistas.
Recién estoy conociendo la problemática y ya he escuchado historias que valdrán la pena comentar en próximos posts.
Se genera una intersección entre la etapa evolutiva, el marco social en el que estos chicos se mueven y crecieron y las particularidades del contexto, en el que incluyo al empresariado local.
Embarazos adolescentes, necesidades básicas poco cubiertas, miedo a crecer, falta de oportunidades en trabajos de buena calidad, empresas que se aprovechan de las necesidades y muchas alternativas disponibles en el mercado informal generan una amalgama de factores que operan uno sobre otros. Hay mucho para trabajar.
10.2.14
No existen más las vacaciones? O se puede vivir de vacaciones?
Acabo de volver de mis vacaciones y, nuevamente (el año pasado también me pasó), me tocó trabajar desde afuera del país.
Suelo irme 30 días, en enero. Este es el 5to año que lo hago.
Y esta fue la primera vez que comuniqué, claramente, que "todo enero" no iba a estar en la Argentina. Siempre me daba algo de miedo decir que tomaba un mes de vacaciones. Y de culpa, creo. Pero me estoy poniendo más grande y más sano.
Esta vez tuve bastante trabajo. Además de los estudios psicotécnicos (cuento con un equipo de profesionales que entrevistan a los candidatos, administran las técnicas y me envían el material escaneado para que pueda hacer el informe), tuve unas cuantas entrevistas con potenciales candidatos. Cuando recibía el CV, pactaba con el postulante una horario para encontrarme por skype, teniendo en cuenta la diferencia horaria. No tuve dificultades, la única vez que no se concretó la reunión virtual fue por mi culpa: había tardado más de lo previsto en llegar a mi hotel, desde la playa.
Los encuentros fueron muy productivos, aunque no contaron con la imagen porque prefería asegurarme que el ancho de banda estuviese disponible para transmitir la conversación. Probablemente, si hubiese estado en ciudades más importantes y con mejor servicio de Internet, hubiese podido "ver" a mis entrevistados.
Incluso concreté un cliente nuevo que me consultó a través del site: le envié un presupuesto, verifiqué que lo había recibido y contesté sus dudas. Me pidieron una evaluación y la puse en marcha. Y hasta gestioné, a la distancia, el reclamo del pago porque tardaron en transferirme.
Finalmente, también hablé por skype con un cliente - diciéndole que le hablaba desde Medellín! - y me encargó una búsqueda que me implicó poner un anuncio y hacer las primeras gestiones del reclutamiento y selección de posibles candidatos.
Cuando regresé estaba ansioso por hablar, sobre todo, con mi cliente, el que había necesitado que entreviste candidatos por skype. Y me soprendió cuando me dijo, naturalmente, "funcionó el sistema, te agradezco que me hayas seguido en la dinámica y me hayas respondido o enviado informes un sábado o un domingo". Claro, yo no tenía problemas: para mí era lo mismo cualquier día de la semana!
Pensándolo, hubo momentos en que me planteaba si, realmente, eran vacaciones. Si no debía, literalmente, "desconectarme" y relajarme.
El planteo duraba hasta el primer chapuzón en ese mar tibiecito y transparente!
Charlándolo con un amigo pensamos que depende del estilo personal de cada uno la posibilidad de juntar "trabajo y esparcimiento". Hay quienes prefieren cortar con todo.
Y qué pasará en el futuro?
Probablemente existan más vacaciones mezcladas con el trabajo.
Seguramente se acabarán los fines de semana.
Y, también, las empresas achicarán sus oficinas ya que aprenderemos a trabajar y generar vínculos sin necesidad del contacto "cara a cara".
Cualquiera puede aventurar pronósticos, yo también!!
Y hay quienes pensarán que las mías no son vacaciones. Pero yo tiendo a pensar que la posibilidad de vivir todo el año de vacaciones, está más cerca.
Suelo irme 30 días, en enero. Este es el 5to año que lo hago.
Y esta fue la primera vez que comuniqué, claramente, que "todo enero" no iba a estar en la Argentina. Siempre me daba algo de miedo decir que tomaba un mes de vacaciones. Y de culpa, creo. Pero me estoy poniendo más grande y más sano.
Esta vez tuve bastante trabajo. Además de los estudios psicotécnicos (cuento con un equipo de profesionales que entrevistan a los candidatos, administran las técnicas y me envían el material escaneado para que pueda hacer el informe), tuve unas cuantas entrevistas con potenciales candidatos. Cuando recibía el CV, pactaba con el postulante una horario para encontrarme por skype, teniendo en cuenta la diferencia horaria. No tuve dificultades, la única vez que no se concretó la reunión virtual fue por mi culpa: había tardado más de lo previsto en llegar a mi hotel, desde la playa.
Los encuentros fueron muy productivos, aunque no contaron con la imagen porque prefería asegurarme que el ancho de banda estuviese disponible para transmitir la conversación. Probablemente, si hubiese estado en ciudades más importantes y con mejor servicio de Internet, hubiese podido "ver" a mis entrevistados.
Incluso concreté un cliente nuevo que me consultó a través del site: le envié un presupuesto, verifiqué que lo había recibido y contesté sus dudas. Me pidieron una evaluación y la puse en marcha. Y hasta gestioné, a la distancia, el reclamo del pago porque tardaron en transferirme.
Finalmente, también hablé por skype con un cliente - diciéndole que le hablaba desde Medellín! - y me encargó una búsqueda que me implicó poner un anuncio y hacer las primeras gestiones del reclutamiento y selección de posibles candidatos.
Cuando regresé estaba ansioso por hablar, sobre todo, con mi cliente, el que había necesitado que entreviste candidatos por skype. Y me soprendió cuando me dijo, naturalmente, "funcionó el sistema, te agradezco que me hayas seguido en la dinámica y me hayas respondido o enviado informes un sábado o un domingo". Claro, yo no tenía problemas: para mí era lo mismo cualquier día de la semana!
Pensándolo, hubo momentos en que me planteaba si, realmente, eran vacaciones. Si no debía, literalmente, "desconectarme" y relajarme.
El planteo duraba hasta el primer chapuzón en ese mar tibiecito y transparente!
Charlándolo con un amigo pensamos que depende del estilo personal de cada uno la posibilidad de juntar "trabajo y esparcimiento". Hay quienes prefieren cortar con todo.
Y qué pasará en el futuro?
Probablemente existan más vacaciones mezcladas con el trabajo.
Seguramente se acabarán los fines de semana.
Y, también, las empresas achicarán sus oficinas ya que aprenderemos a trabajar y generar vínculos sin necesidad del contacto "cara a cara".
Cualquiera puede aventurar pronósticos, yo también!!
Y hay quienes pensarán que las mías no son vacaciones. Pero yo tiendo a pensar que la posibilidad de vivir todo el año de vacaciones, está más cerca.
7.7.13
Nuestro mercado está madurando?
Hace unos años comentaba, en un post, sobre un proceso de selección en el que mi cliente desistió de incorporar a una excelente postulante - Andrea - porque tenía 30 años, estaba recién casada y probablemente se embarazase en poco tiempo.
Finalmente la convocaron y fue ella la que decidió no ingresar porque, en las entrevistas, sus futuros empleadores le parecieron demasiado rígidos y poco dispuestos a compartir información sobre las tareas qu debía realizar y la companía, en general.
Una búsqueda interesante (los puestos y el rubro son ficticios).
Mi cliente, una importante consultora internacional del rubro financiero, me pidió ayuda con la seleccion de un profesional que pueda asesorar a sus clientes internacionales sobre el mercado de finanzas en la Argentina.
La posición es poco habitual y no es sencillo encontrar y reclutar profesionales que apliquen al puesto. Los avisos dan poco resultado y decido apelar a las redes sociales. En estos casos LinkedIn es un gran aliado y, buscando a través de "palabras clave", doy con unos cuantos candidatos potenciales.
Los invito a mi red indicándoles que estoy gestionando una búsqueda que podría interesarles.
A los poco días empiezo a recibir respuestas. A quienes mejor encajan con el perfil los convoco a una entrevista para conocerlos,. En realidad, debiera decir "conocerlas", ya que son todas mujeres...
De los cinco encuentros que mantengo sólo dos me resultan interesantes y las preselecciono para que mi cliente las conozca. La persona ideal debe combinar buenos conocimientos técnicos, un trato interpersonal abierto y desenvuelto, predisposición para escuchar y capacidad para redactar informes o reportes.
Combino las entrevistas y, si bien las dos candidatas que les presento resultan atractivas para el puesto, la companía se inclina por una de ellas, Sabrina.
Ya han pasado 20 días desde que se inció el proceso.
Sabrina está entusiasmada con la propuesta y comienza una etapa de negociación: ella está percibiendo una remuneración atractiva y hace tres años que trabaja en su posición actual, un importante estudio contable. Mi cliente me pide asesoramiento respecto de cuál sería una oferta que la decida a cambiar. Consideramos que un 20 % por encima de sus beneficios actuales podría ser una ofrecimiento justo. Antes de reunirse con Sabrina, Roberto - gerente general de Argentina - debe consensuar con su reporte regional - responsable de la "filial Brasil" - la viabilidad de la propuesta.
Luego de un viaje a San Pablo me piden que programe un encuentro en el que profundizarían en los detalles del trabajo y el paquete de beneficios.
Mi ansiedad iba in crescendo al mismo tiempo que seguía analizando el mercado en busca de otros candidatos/alternativas...y me costaba encontrarlos.
Un jueves, después del último feriado, se reunieron Sabrina, Roberto y la responsable de Recursos Humanos que viajó desde Brasil especialmente para la reunión. Tenían previsto ir a comer luego de la charla. Parecía que todo andaba sobre carriles y que la propuesta, efectivamente, iba a resultarle tentadora.
El viernes esperé el mail o el llamado, pero nunca llegó.
Con el fin de semana por delante, me debatía entre escribir o no. Con Roberto, más de una vez habíamos intercambiado correos días no laborables o después de las 22.00 hs.
El sábado a la mañana le escribí preguntándole cómo les había ido y si podía ayudarlos en algo.
La respuesta me sorprendió: la reunión había sido muy buena, Sabrina parecía conforme con la prpuesta pero, a su vez, les contó que...estaba embarazada de un mes y medio. El mail terminaba con un "te mantengo al tanto de cómo seguimos" y "puntos suspensivos".
Sabrina se "caía" y no tenía alternativas.
El resto del sábado y el domingo se convirtieron en una "profunda revisión" de todas las respuestas recibidas y una nueva investigación de posibles propectos en LinkedIn. A esa altura estaba negociando la compra de la vista de 200 CVs en la base de datos de un reconocido portal - por otra búsqueda que había iniciado - y pensaba concretarla el mismo lunes y, entonces, contaría con más posibilidades de reclutamiento.
Así fue como establecí nuevos contactos, esperando que Roberto me dijese "cómo seguimos". Mi temor era que "no siguiésemos" y que la posición quedase vacante luego de todas estas peripecias y la noticia del embarazo.
El martes recibí el correo con las novedades: mi cliente seguiría adelante con Sabrina. Ya se lo habían comunicado y estaban esperando el OK de ella. La fecha de ingreso está programada para los primeros días del mes siguiente.
Habían tomado esta decisión porque consideraron que ES la persona para el puesto. En la última reunión, Sabrina, mostró algunas cualidades de tipo comercial que terminaron de convencerlos. El embarazo fue considerado como un hecho previsible para una mujer de 32 años que hace dos que está casada. Era probable que durante la relación laboral fuese mamá.
Además del alivio de cubrir la posición me hizo pensar en el cambio que los empleadores experimentaron en los últimos años y cómo conviven, aún, diferentes maneras de ver el vínculo laboral. "Andrea", la candidata que mencioné al inicio del post, es un buen ejemplo.
Y aunque la actitud de mi cliente podría o debería parecer normal y lógica, creo que vale la pena destacar esta historia.
Quizás, estemos madurando.
Finalmente la convocaron y fue ella la que decidió no ingresar porque, en las entrevistas, sus futuros empleadores le parecieron demasiado rígidos y poco dispuestos a compartir información sobre las tareas qu debía realizar y la companía, en general.
Una búsqueda interesante (los puestos y el rubro son ficticios).
Mi cliente, una importante consultora internacional del rubro financiero, me pidió ayuda con la seleccion de un profesional que pueda asesorar a sus clientes internacionales sobre el mercado de finanzas en la Argentina.
La posición es poco habitual y no es sencillo encontrar y reclutar profesionales que apliquen al puesto. Los avisos dan poco resultado y decido apelar a las redes sociales. En estos casos LinkedIn es un gran aliado y, buscando a través de "palabras clave", doy con unos cuantos candidatos potenciales.
Los invito a mi red indicándoles que estoy gestionando una búsqueda que podría interesarles.
A los poco días empiezo a recibir respuestas. A quienes mejor encajan con el perfil los convoco a una entrevista para conocerlos,. En realidad, debiera decir "conocerlas", ya que son todas mujeres...
De los cinco encuentros que mantengo sólo dos me resultan interesantes y las preselecciono para que mi cliente las conozca. La persona ideal debe combinar buenos conocimientos técnicos, un trato interpersonal abierto y desenvuelto, predisposición para escuchar y capacidad para redactar informes o reportes.
Combino las entrevistas y, si bien las dos candidatas que les presento resultan atractivas para el puesto, la companía se inclina por una de ellas, Sabrina.
Ya han pasado 20 días desde que se inció el proceso.
Sabrina está entusiasmada con la propuesta y comienza una etapa de negociación: ella está percibiendo una remuneración atractiva y hace tres años que trabaja en su posición actual, un importante estudio contable. Mi cliente me pide asesoramiento respecto de cuál sería una oferta que la decida a cambiar. Consideramos que un 20 % por encima de sus beneficios actuales podría ser una ofrecimiento justo. Antes de reunirse con Sabrina, Roberto - gerente general de Argentina - debe consensuar con su reporte regional - responsable de la "filial Brasil" - la viabilidad de la propuesta.
Luego de un viaje a San Pablo me piden que programe un encuentro en el que profundizarían en los detalles del trabajo y el paquete de beneficios.
Mi ansiedad iba in crescendo al mismo tiempo que seguía analizando el mercado en busca de otros candidatos/alternativas...y me costaba encontrarlos.
Un jueves, después del último feriado, se reunieron Sabrina, Roberto y la responsable de Recursos Humanos que viajó desde Brasil especialmente para la reunión. Tenían previsto ir a comer luego de la charla. Parecía que todo andaba sobre carriles y que la propuesta, efectivamente, iba a resultarle tentadora.
El viernes esperé el mail o el llamado, pero nunca llegó.
Con el fin de semana por delante, me debatía entre escribir o no. Con Roberto, más de una vez habíamos intercambiado correos días no laborables o después de las 22.00 hs.
El sábado a la mañana le escribí preguntándole cómo les había ido y si podía ayudarlos en algo.
La respuesta me sorprendió: la reunión había sido muy buena, Sabrina parecía conforme con la prpuesta pero, a su vez, les contó que...estaba embarazada de un mes y medio. El mail terminaba con un "te mantengo al tanto de cómo seguimos" y "puntos suspensivos".
Sabrina se "caía" y no tenía alternativas.
El resto del sábado y el domingo se convirtieron en una "profunda revisión" de todas las respuestas recibidas y una nueva investigación de posibles propectos en LinkedIn. A esa altura estaba negociando la compra de la vista de 200 CVs en la base de datos de un reconocido portal - por otra búsqueda que había iniciado - y pensaba concretarla el mismo lunes y, entonces, contaría con más posibilidades de reclutamiento.
Así fue como establecí nuevos contactos, esperando que Roberto me dijese "cómo seguimos". Mi temor era que "no siguiésemos" y que la posición quedase vacante luego de todas estas peripecias y la noticia del embarazo.
El martes recibí el correo con las novedades: mi cliente seguiría adelante con Sabrina. Ya se lo habían comunicado y estaban esperando el OK de ella. La fecha de ingreso está programada para los primeros días del mes siguiente.
Habían tomado esta decisión porque consideraron que ES la persona para el puesto. En la última reunión, Sabrina, mostró algunas cualidades de tipo comercial que terminaron de convencerlos. El embarazo fue considerado como un hecho previsible para una mujer de 32 años que hace dos que está casada. Era probable que durante la relación laboral fuese mamá.
Además del alivio de cubrir la posición me hizo pensar en el cambio que los empleadores experimentaron en los últimos años y cómo conviven, aún, diferentes maneras de ver el vínculo laboral. "Andrea", la candidata que mencioné al inicio del post, es un buen ejemplo.
Y aunque la actitud de mi cliente podría o debería parecer normal y lógica, creo que vale la pena destacar esta historia.
Quizás, estemos madurando.
22.1.13
El amplio mundo del trabajo
Las vacaciones son para descansar, algo así como lo
contrario de cansarse.
La imagen de “no hacer nada” se nos aparece inmediatamente
cuando pensamos en “descanso”.
Pero descansar también puede entenderse como hacer algo diferente,
lo contrario a cansarse de hacer lo mismo. Para mí las vacaciones significan
cambiar la rutina, vivir cosas diferentes.
Para mí, vacaciones, si es posible, es igual a viajar.
Viajar implica una andanada de cosas nuevas. Lugares, medios
de transporte, clima, comida, actividades y, sobre todas las cosas, el contacto
con gente igual, pero diferente. Este
año elegimos Panamá. Hace unos 20 días que estamos recorriendo el país e
interactuando con panameños y personas de los lugares más remotos que trabajan
aquí o, como nosotros, decidieron conocer esta parte del mundo. Quizás por el
momento de mi vida o quizás porque me interesa la temática en este viaje me
impresionó, más que en otros, la diversidad de trabajos y modalidades de vida.
Desde un chofer de unos 70 años, jubilado que nos contaba
con orgullo como la parte de moderna de Panamá no tiene nada que enviarle a
Manhattan y que vive del dinero que le da el estado más el ingreso extra que le
genera su trabajo – lo que nosotros llamaríamos remís – y que me hizo acordar a
la Argentina con la diferencia que este hombre está terminando de pagar su
propia casa que compró en el ‘95 con un crédito a 25 años. Hasta un argentino,
ingeniero en informática, que trabaja en forma remota para E-Bay y vive, desde hace
un año, en un velero, anclado en un archipiélago de esos que están rodeados de
islas con palmeras y aguas tranquilas, totalmente transparentes: cuando lo
necesita se acerca en un gomón al continente, cobra su cheque y hace las
compras que precisa. Maravilloso, no es cierto?
También encontré muchos norteamericanos cansados del
“american way of life” y que optaron por invertir en pequeñas propiedades, en
zonas turísticas, convertirlas en posadas y mudarse junto con su familia o su
pareja. Michael y Michelle, por ejemplo, habían cambiado Alaska por un pueblo
de pescadores en la costa del Pacífico, en el que “levantaron” unas pequeñas
cabañas pque alquilan a turistas y que les permiten vivir con todas las
comodidades y disfrutar todos los días de la playa y las frutas tropicales.
Joan y Steven, en cambio, padres de dos mellizos de 9 años
eligieron una ciudad más grande. Ellos están contentos que sus hijos asistan a
una buena escuela privada en la que se contactan con gente de todo el mundo y
que poco a poco ya eran bilingües en español e inglés, su lengua nativa.
Un italiano que hablaba un perfecto castellano rioplatense
me contó que, desde hace cinco años, está recorriendo Sudamérica porque la ONG
en la que trabaja se dedica a implementar planes de educación en poblaciones
necesitadas: había desarrollado su tarea en los cantegriles de Uruguay, en una
población pequeña de la provincia de Santa Fe y, actualmente, estaba asignado
en Haití.
Catalanes que habían montado un agencia que brindaba tours y
excursiones de buceo, argentinos gerenciando restaurantes, colombianos
dedicados a la fotografía de fauna y tribus indígenas locales, venezolanos
buscando alternativas que no encontraban en su país y trabajadores locales
contentos de la pesca diaria y la venta de sus productos a turistas y
restaurantes…
El mundo del trabajo parece inacabable y lleno de
posibilidades.
Si bien estamos condicionados por nuestra educación para
encontrar formas de sustento y realización personal, pocas veces tomamos
conciencia que está en nosotros la posibilidad de elegir. Quizás recordarlo o “darse cuenta” nos
permita disfrutar de nuestra decisión, la de tener el trabajo que tenemos y la
forma en que lo hacemos. También genera
el respeto por la diversidad, un sacudón a nuestra omnipotencia que, tantas
veces, nos hace pensar y “dar cátedra” de cómo deben ser las cosas.
El mundo del trabajo es amplio, rico y maravilloso.
Pero también está lleno de desigualdades e injusticias: se hace difícil pensar en elegir cuando se
tiene la panza vacía. Eso también lo enseñan los viajes y una mirada abierta.
Probablemente el desafío para lograr una mejor calidad de vida sea el de
brindar posibilidades.
Esta es otra parte de la misma historia que merece ser
contada y de la que hay que ocuparse.
26.5.12
Trabajar o estudiar? Trabajar Y estudiar!
Hace cinco años empecé, después de mucho tiempo de no hacerlo, a dar clases en la facultad.
La asignatura que dicto se llama Psiclogía del Trabajo. Tomé el curso de la noche. Mis alumnos tienen cerca de 24 años y están cursando los últimos tramos de la carrera de Psicología.
Una de las cosas que me llama la atención es el bajo porcentaje de alumnos que trabajan. Serán alrededor de un 25 % del total.
Una o dos veces por año se organizan reuniones entre los docentes, los decanos y el rector para informar o discutir temas de interés. En uno de esos encuentros plantié la cuestión pensando que, desde la facultad, se podría promover que los alumnos trabajen, sobre todo teniendo en cuenta que existe un departamento de Empleos y Pasantías que hace de nexo entre los estudiantes y graduados, y las empresas.
Para mi sopresa fui bastante criticado por mi apreciación e iniciativa. Recuerdo que el Dr. Porto comentó que la Universidad no puede hacer mucho más que exigir horas de pasantías y que, además, la tendencia en las mejores Universidades es hacia el pleno estudio: los alumnos tienen que dedicar toda su energia a trabajar y luego, cuando están bien preparados, insertarse en el mundo laboral que sabrá apreciar su formación.
No se cómo se da esto en otras partes del mundo pero si creo que, en nuestro país, es tan necesario trabajar como estudiar para tener una formación adecuada.
El interactuar con pares, relacionarse con superiores, vivir las decisiones de las empresas que se rigen por lógicas abolutamente diferentes a las que dicta la teoría, revisar un recibo de sueldo, escuchar las quejas sindicales, estar atento a las oportunidades de crecimiento, saber hacer un reclamo, competir, colaborar... y la lista podría ser interminable. Todos son elementos formativos fundamentales para lograr ser empleables.
Y ni hablar de los aspectos personales: por ejempo, la necesidad de un joven de 23 / 24 años de adquirir autonomía y sustentar sus propios gastos sin sentir la obligación de tener que explicarle a su padre que "este mes necesita plata extra" por el motivo que fuese.
O la sensación de encontrar "en qué es bueno" o "qué le gusta", reafirmando su identidad y consolidándose profesionalmente.
La semana pasada entrevisté a Manuel, un joven de 23 años, que egresó del CEMA como licenciado en economía, en noviembre del 2011. Hasta marzo de este año no había trabajado. Actualmente es el "encargado de proveedores" de una empresa que se dedica a fletes marítimos internacionales. La entrevista conmigo se da en el marco de un proceso de selección en el que Manuel esta aplicando a Asistente del Area Comercial de una empresa mutinacional de servicios de control de calidad. Quiere cambiar de trabajo porque su compañía aparentemente era un filial de una firma danesa, terminó siendo una representación. Les debe plata a la mayoría de los proveedores y el trabajo de Manuel, es: "poner la cara".
"Lo único que cambiaría del CEMA es que la distribución de las materias está hecha de tal manera que es imposible trabajar", me comenta.
"Si tuviese más experiencia, no me hubiese dejado engañar por esta gente tan trucha", agrega.
El CEMA es una institución respetada y prestigiosa, sobre todo en el área de las ciencias económicas.
Manuel se da cuenta que gran parte de su formación, todavía la debe adquirir. Que la facultad no se la dio y que podría haber ganado tiempo si hubiese empezado a trabajar antes.
En nuestro país, aprender cómo manejarse en el trabajo, es tan importante como la formación académica.
Trabajar o estudiar no debiera ser una elección, sino ser complementarios.
Los consultores podemos colaborar en que las empresas incorporen estudiantes, que les faciliten las condiciones para que sigan su carrera académica y se beneficien con los aportes de quienes tienen energía, ideas frescas y formación.
La asignatura que dicto se llama Psiclogía del Trabajo. Tomé el curso de la noche. Mis alumnos tienen cerca de 24 años y están cursando los últimos tramos de la carrera de Psicología.
Una de las cosas que me llama la atención es el bajo porcentaje de alumnos que trabajan. Serán alrededor de un 25 % del total.
Una o dos veces por año se organizan reuniones entre los docentes, los decanos y el rector para informar o discutir temas de interés. En uno de esos encuentros plantié la cuestión pensando que, desde la facultad, se podría promover que los alumnos trabajen, sobre todo teniendo en cuenta que existe un departamento de Empleos y Pasantías que hace de nexo entre los estudiantes y graduados, y las empresas.
Para mi sopresa fui bastante criticado por mi apreciación e iniciativa. Recuerdo que el Dr. Porto comentó que la Universidad no puede hacer mucho más que exigir horas de pasantías y que, además, la tendencia en las mejores Universidades es hacia el pleno estudio: los alumnos tienen que dedicar toda su energia a trabajar y luego, cuando están bien preparados, insertarse en el mundo laboral que sabrá apreciar su formación.
No se cómo se da esto en otras partes del mundo pero si creo que, en nuestro país, es tan necesario trabajar como estudiar para tener una formación adecuada.
El interactuar con pares, relacionarse con superiores, vivir las decisiones de las empresas que se rigen por lógicas abolutamente diferentes a las que dicta la teoría, revisar un recibo de sueldo, escuchar las quejas sindicales, estar atento a las oportunidades de crecimiento, saber hacer un reclamo, competir, colaborar... y la lista podría ser interminable. Todos son elementos formativos fundamentales para lograr ser empleables.
Y ni hablar de los aspectos personales: por ejempo, la necesidad de un joven de 23 / 24 años de adquirir autonomía y sustentar sus propios gastos sin sentir la obligación de tener que explicarle a su padre que "este mes necesita plata extra" por el motivo que fuese.
O la sensación de encontrar "en qué es bueno" o "qué le gusta", reafirmando su identidad y consolidándose profesionalmente.
La semana pasada entrevisté a Manuel, un joven de 23 años, que egresó del CEMA como licenciado en economía, en noviembre del 2011. Hasta marzo de este año no había trabajado. Actualmente es el "encargado de proveedores" de una empresa que se dedica a fletes marítimos internacionales. La entrevista conmigo se da en el marco de un proceso de selección en el que Manuel esta aplicando a Asistente del Area Comercial de una empresa mutinacional de servicios de control de calidad. Quiere cambiar de trabajo porque su compañía aparentemente era un filial de una firma danesa, terminó siendo una representación. Les debe plata a la mayoría de los proveedores y el trabajo de Manuel, es: "poner la cara".
"Lo único que cambiaría del CEMA es que la distribución de las materias está hecha de tal manera que es imposible trabajar", me comenta.
"Si tuviese más experiencia, no me hubiese dejado engañar por esta gente tan trucha", agrega.
El CEMA es una institución respetada y prestigiosa, sobre todo en el área de las ciencias económicas.
Manuel se da cuenta que gran parte de su formación, todavía la debe adquirir. Que la facultad no se la dio y que podría haber ganado tiempo si hubiese empezado a trabajar antes.
En nuestro país, aprender cómo manejarse en el trabajo, es tan importante como la formación académica.
Trabajar o estudiar no debiera ser una elección, sino ser complementarios.
Los consultores podemos colaborar en que las empresas incorporen estudiantes, que les faciliten las condiciones para que sigan su carrera académica y se beneficien con los aportes de quienes tienen energía, ideas frescas y formación.
21.5.12
Gracias a Dios, soy ateo
No hay cosa que me moleste más que el endiosamiento!
Cada vez que surgen teorías o conceptos que parecen abarcarlo todo o aparecen gurúes que tienen la palabra justa, me agarra un ataque de rebeldía. Me enoja que alguien sea escuchado cuando se pone en papel de transmisor de la verdad, me molesta que se cierre el camino hacia el cuestionamiento, que no exista la duda y que cualquier argumentación que no siga la línea de "obvio saber" pueda ser vista como ignorancia, brutalidad o aún "no iluminado".
Será, seguramente, por algún conflicto no resuelto con mi propio padre, que me cuesta aceptar la autoridad y el saber, diría Freud, el Santo Padre del Psicoanálisis.
Ah, parece que tengo mi propio Dios, yo también!!
No, no es cierto. Este no es un Dios cualquiera, es un Dios que cuestiona a quienes creen en Dios, a aquellos que todavía no se dieron cuenta que Dios no existe. Pobres, todavía no están iluminados, como yo.
Esta disquisición cuasi filosófica, qué tiene que ver con el mundo del trabajo y con las personas trabajando?
Qué hacen temas como estos en un blog de Psicología para Empresas?
En qué me meto?
Qué tiene que ver el endiosamiento con la cantidad de consejos - verdades - prescripciones - indicaciones - señalamientos que, a diario, recibimos de grandes pensadores que vienen, gracias a Dios (qué digo, por Dios??!!), a enseñarnos lo que debemos hacer con nuestros pares, jefes y gente de nuestro equipo?
Cuál es la relación entre la palabra santa e indiscutible con las apreciaciones de Roubini, Steve Jobs (no, con Steve Jobs no te metaaaaás!!), los periodistas de 6-7-8, los gurúes del management, CFK y los columnistas de Clarín?
En cuantos Dioses hemos creído y creemos? Cuántas veces cambiaremos de Dios? Porqué no nos damos cuenta que siempre estamos buscando uno y que trataremos, con todas nuestras fuerzas, de encontrarlo.
Quizás debamos cuestionarlo todo. Y todo el tiempo.
Quizás no. Quizás los Dioses sean necesarios. Hasta pensar en que no existe un Dios es una manera de tener una idea que explique lo que no entendemos.
Pasamos de teoría en teoría, contrastándola con la realidad y cayendo en la cuenta - una vez más -, que la VERDAD no existe.
Probablemente tengan razón aquellos que plantearon ,en un reciente estudio, que las elecciones de las personas tienen una motivación puramente afectiva y emocional y las argumentaciones sólo sirven para justificar aquello que ya fue decidido "con el corazón".
Escuchemos a quienes dicen haber descubierto algo. Pero no lo tomemos como dogma, pongámoslo en duda.
Reflexionemos, usemos la intuición, pensemos, cuestionemos, contrastemos y volvamos a pensar.
Amigos míos, aquí está, esta es, por fin, la VERDAD.
Menos mal que llegué para que se haga la luz, sabía que me estaban esperando!!!
Cada vez que surgen teorías o conceptos que parecen abarcarlo todo o aparecen gurúes que tienen la palabra justa, me agarra un ataque de rebeldía. Me enoja que alguien sea escuchado cuando se pone en papel de transmisor de la verdad, me molesta que se cierre el camino hacia el cuestionamiento, que no exista la duda y que cualquier argumentación que no siga la línea de "obvio saber" pueda ser vista como ignorancia, brutalidad o aún "no iluminado".
Será, seguramente, por algún conflicto no resuelto con mi propio padre, que me cuesta aceptar la autoridad y el saber, diría Freud, el Santo Padre del Psicoanálisis.
Ah, parece que tengo mi propio Dios, yo también!!
No, no es cierto. Este no es un Dios cualquiera, es un Dios que cuestiona a quienes creen en Dios, a aquellos que todavía no se dieron cuenta que Dios no existe. Pobres, todavía no están iluminados, como yo.
Esta disquisición cuasi filosófica, qué tiene que ver con el mundo del trabajo y con las personas trabajando?
Qué hacen temas como estos en un blog de Psicología para Empresas?
En qué me meto?
Qué tiene que ver el endiosamiento con la cantidad de consejos - verdades - prescripciones - indicaciones - señalamientos que, a diario, recibimos de grandes pensadores que vienen, gracias a Dios (qué digo, por Dios??!!), a enseñarnos lo que debemos hacer con nuestros pares, jefes y gente de nuestro equipo?
Cuál es la relación entre la palabra santa e indiscutible con las apreciaciones de Roubini, Steve Jobs (no, con Steve Jobs no te metaaaaás!!), los periodistas de 6-7-8, los gurúes del management, CFK y los columnistas de Clarín?
En cuantos Dioses hemos creído y creemos? Cuántas veces cambiaremos de Dios? Porqué no nos damos cuenta que siempre estamos buscando uno y que trataremos, con todas nuestras fuerzas, de encontrarlo.
Quizás debamos cuestionarlo todo. Y todo el tiempo.
Quizás no. Quizás los Dioses sean necesarios. Hasta pensar en que no existe un Dios es una manera de tener una idea que explique lo que no entendemos.
Pasamos de teoría en teoría, contrastándola con la realidad y cayendo en la cuenta - una vez más -, que la VERDAD no existe.
Probablemente tengan razón aquellos que plantearon ,en un reciente estudio, que las elecciones de las personas tienen una motivación puramente afectiva y emocional y las argumentaciones sólo sirven para justificar aquello que ya fue decidido "con el corazón".
Escuchemos a quienes dicen haber descubierto algo. Pero no lo tomemos como dogma, pongámoslo en duda.
Reflexionemos, usemos la intuición, pensemos, cuestionemos, contrastemos y volvamos a pensar.
Amigos míos, aquí está, esta es, por fin, la VERDAD.
Menos mal que llegué para que se haga la luz, sabía que me estaban esperando!!!
14.7.10
Hernán: la intervención del sindicato que resultó un perjuicio
Hernán tiene 22 años y estudia Medicina. Por las características de la carrera - la carga horaria y la exigencia académica - a los alumnos se les hace muy difícil trabajar y, al mismo tiempo cumplir con las exigencias de asistencia y estudio.
Una de las posibilidades que los jóvenes, de trabajar, es emplearse los centros de atención al cliente, los Call Center. Hernán trabajó durante tres años en uno de ellos, Teleperformance. Debía cumplir con un horario de 6 1/2 diarias lo que le permitía estudiar y percibir un ingreso que le alcanzaba para sus gastos personales y un pequeño ahorro, destinado a vacaciones.
A mediados del año pasado comenzaron las presiones del gremio de "telefónicos" para que los trabajadores que, hasta ese momento, pertenecían al "sindicato de empleados de comercio", cambiasen de convenio. La empresa tuvo que acceder al pedido y los empleados, también.
El reglamento sindical de los empleados de comercio contempla la posibilidad que un trabajador pueda trabajar a tiempo parcial. Pero el de "trabajadores telefónicos", no.
Hernán tuvo que renunciar a su puesto y hace más de 6 meses que no encuentra trabajo.
Es probable que el bien común tenga más importancia que la ventaja de una sola persona. Y que la actitud del gremio, finalmente, responda a un justa defensa de los derechos de los trabajadores de la actividad.
Pero, desde el punto de vista de Hernán, la ayuda sindical, se convirtió en un perjuicio.
Una de las posibilidades que los jóvenes, de trabajar, es emplearse los centros de atención al cliente, los Call Center. Hernán trabajó durante tres años en uno de ellos, Teleperformance. Debía cumplir con un horario de 6 1/2 diarias lo que le permitía estudiar y percibir un ingreso que le alcanzaba para sus gastos personales y un pequeño ahorro, destinado a vacaciones.
A mediados del año pasado comenzaron las presiones del gremio de "telefónicos" para que los trabajadores que, hasta ese momento, pertenecían al "sindicato de empleados de comercio", cambiasen de convenio. La empresa tuvo que acceder al pedido y los empleados, también.
El reglamento sindical de los empleados de comercio contempla la posibilidad que un trabajador pueda trabajar a tiempo parcial. Pero el de "trabajadores telefónicos", no.
Hernán tuvo que renunciar a su puesto y hace más de 6 meses que no encuentra trabajo.
Es probable que el bien común tenga más importancia que la ventaja de una sola persona. Y que la actitud del gremio, finalmente, responda a un justa defensa de los derechos de los trabajadores de la actividad.
Pero, desde el punto de vista de Hernán, la ayuda sindical, se convirtió en un perjuicio.
19.4.10
Las empresas también son "investigadas" por los postulantes
Cuidado con lo que subes a la red !
Desde hace unos meses ha vuelto a ponerse sobre el tapete como los postulantes son "examinados" por reclutadores a través de Internet. Abundan consejos de todo tipo respecto de la imagen que se genera a través de la publicación de fotos, post, artículos y comentarios. Hasta la dirección de email debería ser revisada para no caer en denominaciones que puedan afectar nuestro perfil.
Para que aumente la paranoia, una historia real: mi vecino, por su trabajo, paga un abono mensual por el cual puede visualizar una cantidad de informes comerciales personales, al mes. Muchas veces le que quedan informes libres y utiliza el saldo para husmear en la vida de personas que le interesan. Es así como sabe si Fulano (quizás un vecino o un amigo) sacó un nuevo crédito o si Sutano (el novio de la hija, por ejemplo) tiene algún inconveniente legal...
Anécdotas y voyeurs de lado, lo cierto es que los selectores contamos cada vez con la posibilidad de reunir información acerca de las personas, inclusive nos llama la atención cuando no la encontramos. La expresión "sino aparecés en Google, no existís", representa una realidad: nuestra imagen virtual es como una presentación anticipada que genera expectativas e hipótesis acerca de nuestros rasgos personales, habilidades, trayectoria, intereses, valores personales y hasta rasgos biográficos. Y, como bien dice el más famoso de los axiomas de la Teoría de la Comunicación Humana: "es imposible no comunicarse". No podemos escaparnos a esta realidad, sólo debemos saberlo y aprovechar la herramienta.
Postulantes miran con lupa a sus actuales o futuros empleadores
En las entrevistas que mantengo con los postulantes ya no me sorprende que los candidatos cuenten con información acerca de la empresa a la que están aplicando. Por una parte se informan acerca de la compañía para saber en qué aspectos de su experiencia y formación poner el énfasis en el momento de la entrevista además de mostrarse interesados y, por la otra diseñan un perfil de sus posibles empleadores. Les interesa saber la dimensión de la firma, la puntualidad en los pagos, la política de remuneraciones, el clima de trabajo, la posibilidad de crecimiento, la estabilidad y proyección, los comentarios de los clientes y proveedores, la ética y transparencia...
La información circula cada vez con mayor rapidez y menor cantidad de filtros.
La tentación es la de esforzarse por tratar de generar la mejor imagen.
Sin embargo, creo que el real beneficio en el largo plazo es, sin dudas, la estabilidad y la coherencia.
Desde hace unos meses ha vuelto a ponerse sobre el tapete como los postulantes son "examinados" por reclutadores a través de Internet. Abundan consejos de todo tipo respecto de la imagen que se genera a través de la publicación de fotos, post, artículos y comentarios. Hasta la dirección de email debería ser revisada para no caer en denominaciones que puedan afectar nuestro perfil.
Para que aumente la paranoia, una historia real: mi vecino, por su trabajo, paga un abono mensual por el cual puede visualizar una cantidad de informes comerciales personales, al mes. Muchas veces le que quedan informes libres y utiliza el saldo para husmear en la vida de personas que le interesan. Es así como sabe si Fulano (quizás un vecino o un amigo) sacó un nuevo crédito o si Sutano (el novio de la hija, por ejemplo) tiene algún inconveniente legal...
Anécdotas y voyeurs de lado, lo cierto es que los selectores contamos cada vez con la posibilidad de reunir información acerca de las personas, inclusive nos llama la atención cuando no la encontramos. La expresión "sino aparecés en Google, no existís", representa una realidad: nuestra imagen virtual es como una presentación anticipada que genera expectativas e hipótesis acerca de nuestros rasgos personales, habilidades, trayectoria, intereses, valores personales y hasta rasgos biográficos. Y, como bien dice el más famoso de los axiomas de la Teoría de la Comunicación Humana: "es imposible no comunicarse". No podemos escaparnos a esta realidad, sólo debemos saberlo y aprovechar la herramienta.
Postulantes miran con lupa a sus actuales o futuros empleadores
En las entrevistas que mantengo con los postulantes ya no me sorprende que los candidatos cuenten con información acerca de la empresa a la que están aplicando. Por una parte se informan acerca de la compañía para saber en qué aspectos de su experiencia y formación poner el énfasis en el momento de la entrevista además de mostrarse interesados y, por la otra diseñan un perfil de sus posibles empleadores. Les interesa saber la dimensión de la firma, la puntualidad en los pagos, la política de remuneraciones, el clima de trabajo, la posibilidad de crecimiento, la estabilidad y proyección, los comentarios de los clientes y proveedores, la ética y transparencia...A partir del nombre de fantasía, la razón social, producto o servicio generan verdaderas investigaciones que los llevan a averiguar quiénes son los accionistas o directores y en qué actividad están involucrados. Los contactos de contactos comentan y, casi siempre, se llega a conocer a alguien que trabajó o trabaja en la compañía a la que se está por ingresar. Las redes sociales actuán como un entremado de información que aporta datos y que, muchas veces, genera juicios afirmativos o negativos sobre las organizaciones.
La tentación es la de esforzarse por tratar de generar la mejor imagen.
Sin embargo, creo que el real beneficio en el largo plazo es, sin dudas, la estabilidad y la coherencia.
Temas:
Actualidad,
Mercado Laboral
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21.3.10
Los postulantes faltan a las entrevistas
Una vez más, con la mejora en los niveles de empleo, las consultoras y los departamentos de RRHH de las empresas se enfrentan a los problemas de un aumento de la demanda laboral: postulantes que tienen entrevistas programadas y no asisten a las mismas sin previo aviso, candidatos que desisten de la búsqueda cuando la misma ya está avanzada o por definirse, personas seleccionadas que reciben - a último momento - una mejor oferta del actual empleador o ejecutivos que ingresan y comienzan a trabajar y deciden aceptar propuestas que venían gestionando y cambian de empleo al poco tiempo de haber ingresado a la compañía, parecen ser moneda corriente.
Estos episodios se repiten en todo tipo de niveles de formación y experiencia, tal como refleja una nota en la que, junto a la periodista Cecilia Novoa, recabamos las impresiones, sobre el tema. de ejecutivos que se dedican a la selección de nuevos recursos. Los profesionales, en general, se quejan de esesta situación que complica su tarea. En la búsqueda de posibles soluciones no abundan, sin embargo, sugerencias o propuestas de mejora.
El que sigue es un comentario de la encargada de "empleos" de una importante empresa de tecnología que reconoce el papel de las empresas en la supuesta falta de compromiso de los postulantes: "el empezar las búsquedas antes de tener la vacante hace que muchas veces esa vacante nunca se abra y por lo tanto la búsqueda quede en la nada. El candidato nunca más es contactado y esta práctica generalizada ha hecho que la gente, aunque se encuentre en una etapa avanzada del procesos de selección, siga evaluando otras alternativas o desconfíe de las búsquedas.
Quizás sería bueno, que el Depto de RRHH avisara al candidato (en aquellos casos en que los perfiles resulten interesantes) que la oportunidad se “cayó”, pero que demuestre el interés en el perfil. De esta manera, la persona no queda "colgada" esperando y se deja abierta una puerta a futuro. Personalmente creo que estos son cambios culturales que no se dan individualmente sino por saltos recursivos de la sociedad."
Como lidiar con el problema, según las empresas
Aquí va una recopilación de ideas:
Contar con aspirantes por demás por las dudas,
Hacer una preentrevista telefónica para clarificar el perfil,
Verificar telefónicamente la asistencia del postulante a la entrevista,
Ofrecer diferentes posibilidades horarias o lugares de encuentro.
En caso que el postulante esté trabajando indagar respecto al genuino interés en desvincularse o en la posibilidad de quedarse donde está si le mejoran las condiciones y/o ser claros en nuestra propuesta y no especular.
Qué dicen los postulantes
Prestemos atención a la opinión de los postulantes. Si bien no se trata de una encuesta con una validez estadística, a través de entrevistas realizadas a jóvenes de entre 20 y 25 años recogimos la siguiente información:
Les importa la oferta concreta e inmediata, desconfían del mediano o largo plazo, consideran la propuesta, una vez que está hecha.
Están atentos al tipo de entrevista (trato, ambiente, clima de trabajo, claridad de la propuesta). Si les parece que no encaja con lo que buscan, no lo dicen, pero están atentos a otras posibilidades.
Preguntan a sus conocidos sobre la compañía a la que se están postulando, prestan atención a los comentarios y, sobre todo, a los acontecimientos recientes.
Si aceptan otra propuesta o desisten, sólo avisan si la empresa o consultora les interesa como un probable futuro empleador.
Se guardan información en las entrevistas porque "tampoco las empresas te dicen todo".
Y preguntan: acaso las compañías o consultoras te avisan qué pasó con la búsqueda a la que te presentaste ? O simplemente, no te llaman más ?
Estos episodios se repiten en todo tipo de niveles de formación y experiencia, tal como refleja una nota en la que, junto a la periodista Cecilia Novoa, recabamos las impresiones, sobre el tema. de ejecutivos que se dedican a la selección de nuevos recursos. Los profesionales, en general, se quejan de esesta situación que complica su tarea. En la búsqueda de posibles soluciones no abundan, sin embargo, sugerencias o propuestas de mejora.
El que sigue es un comentario de la encargada de "empleos" de una importante empresa de tecnología que reconoce el papel de las empresas en la supuesta falta de compromiso de los postulantes: "el empezar las búsquedas antes de tener la vacante hace que muchas veces esa vacante nunca se abra y por lo tanto la búsqueda quede en la nada. El candidato nunca más es contactado y esta práctica generalizada ha hecho que la gente, aunque se encuentre en una etapa avanzada del procesos de selección, siga evaluando otras alternativas o desconfíe de las búsquedas.
Quizás sería bueno, que el Depto de RRHH avisara al candidato (en aquellos casos en que los perfiles resulten interesantes) que la oportunidad se “cayó”, pero que demuestre el interés en el perfil. De esta manera, la persona no queda "colgada" esperando y se deja abierta una puerta a futuro. Personalmente creo que estos son cambios culturales que no se dan individualmente sino por saltos recursivos de la sociedad."
Como lidiar con el problema, según las empresas
Aquí va una recopilación de ideas:
Contar con aspirantes por demás por las dudas,
Hacer una preentrevista telefónica para clarificar el perfil,
Verificar telefónicamente la asistencia del postulante a la entrevista,
Ofrecer diferentes posibilidades horarias o lugares de encuentro.
En caso que el postulante esté trabajando indagar respecto al genuino interés en desvincularse o en la posibilidad de quedarse donde está si le mejoran las condiciones y/o ser claros en nuestra propuesta y no especular.
Qué dicen los postulantes
Prestemos atención a la opinión de los postulantes. Si bien no se trata de una encuesta con una validez estadística, a través de entrevistas realizadas a jóvenes de entre 20 y 25 años recogimos la siguiente información:
Les importa la oferta concreta e inmediata, desconfían del mediano o largo plazo, consideran la propuesta, una vez que está hecha.
Están atentos al tipo de entrevista (trato, ambiente, clima de trabajo, claridad de la propuesta). Si les parece que no encaja con lo que buscan, no lo dicen, pero están atentos a otras posibilidades.
Preguntan a sus conocidos sobre la compañía a la que se están postulando, prestan atención a los comentarios y, sobre todo, a los acontecimientos recientes.
Si aceptan otra propuesta o desisten, sólo avisan si la empresa o consultora les interesa como un probable futuro empleador.
Se guardan información en las entrevistas porque "tampoco las empresas te dicen todo".
Y preguntan: acaso las compañías o consultoras te avisan qué pasó con la búsqueda a la que te presentaste ? O simplemente, no te llaman más ?
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17.2.10
El delicado equilibrio entre asistir y ayudar a crecer
Una experiencia inesperada
Hace unas semanas tuve la oportunidad de visitar México y conocer, además de las zonas turísticas desarrolladas, algunos pueblos más humildes. A unos 10 km de San Cristóbal de las Casas se encuentra San Juan Chamula,. Se trata de una pequeña ciudad de casas bajas muy sencillas, con su típica plaza, mercado, iglesia y oficinas públicas. Mientras estaba llegando me sorprendió ver una enorme cantidad de personas congregadas frente a la pequeña catedral. "Tengo suerte", pensé, "llego justo para ver alguna festividad local". Cuando me acerqué, la multitud que había visto desde lejos, estaba conformada por mujeres. La mayoría, con niños arropados en pañuelos, vestían polleras y ponchos de colores negro y azul, respectivamente (la foto puede dar una idea de lo que cuento). Entusiasmado me acerqué a preguntar de qué se trataba. La aglomeración no era parte de ninguna ceremonia ni de un acontecimiento folclórico sino ese día era en el que se repartían los subsidios/ayuda que otorga el gobierno a personas de bajo recursos. La vestimenta tenía que ver más con un gusto o una moda, que a otra cosa y estas mujeres hacía más de 4 horas que estaban allí, sentadas o paradas, esperando a aparecer en la lista de los beneficiados.
Después de un pequeño paseo por el pueblo que habrá durado unos 45 minutos escucho una voz, por micrófono, que va nombrando a quienes, hoy, les tocaba cobrar. En medio de las miradas de los turistas, como yo (recordaba lo bizarro que me parecen los turistas europeos cuando sacan fotos las protestas y manifestaciones en el pleno centro de la ciudad de Buenos Aires...) , la gente se acercaba a una mesita en la que recibía un documento que, a su vez, lo habilitaba a ir la banco a recibir el dinero. O bien, sino era su día, se iba a su casa a espera la próxima fecha de pago.
Seguramente en varios pueblos o partidos cercanos a nuestra capital podremos ver estas escenas y palpar, de cerca, el clima humano que implica la situación.
Necesitados y aprovechadores, el área pública y las empresas privadas
Quienes vivimos en la Argentina estamos tristemente habituados a convivir con mecanismos de ayuda del estado hacia los más necesitados que no terminan de ser claros y se derraman "gota a gota" por parientes y amigos de quienes deciden a quien corresponde el dinero, cuyo destino genuino, es aliviar a los que menos tienen. Seguramente pasará en otros países, también. Muchas personas, en nuestro país, viven de los planes asistenciales y hasta reclaman mejoras y actualizaciones por inflación. Se genera, así, una verdadera cultura de la pobreza. Un círculo vicioso difícil de romper que implica clientelismo político y más desigualdad.
Sin embargo no deja de ser cierto que, mientras tratamos de mejorar las condiciones para crear más trabajo y de buena calidad, muchas personas deben ser ayudadas a transitar el camino de una mejor condición de empleabilidad y generación de ingresos, teniendo sus necesidades básicas cubiertas.
No sólo en el área publica o gubernamental tenemos estas dificultades. También en el área privada nos encontramos, casi a diario, tomando decisiones respecto a quién debemos favorecer con determinada promoción o dar un "si" o un "no" ante un pedido.
Y es, en los contextos de crisis y escasez de recursos, cuando la falta de equidad se pone más de manifiesto: los gastos fijos deben reducirse, por dónde empezamos ?, es inminente una revisión de los sueldos por aumento del costo vida, todos se lo merecen?, todos son imprescindibles ?, se produjo una vacante en mi pequeña empresa y mi cuñado está sin trabajo, no debo ofrecérsela a él, que además es de confianza ?
Hace tiempo ya, leí un post en el que un consultor resaltaba el paralelismo entre educar a los propios hijos y gestionar equipos de trabajo. Adhiero a esa postura.
La mejor enseñanza que podemos dar a quienes trabajan con nosotros es la de esforzarnos por mejorar, reconocer los errores, colaborar en el logro de los objetivos y valorar a quienes hacen lo mismo.
Probablemente, detrás del problema de los subsidios/la ayuda/la promoción del crecimiento, se encuentre uno tanto o más dificil de afrontar: el del reconocimiento justo.
He tratado de investigar acerca de la brecha entre los salarios mínimos y máximos en diferentes países y no logro dar con información relevante. Probablemente el gap sea mayor en naciones con menor nivel de desarrollo. Y quienes se beneficien gesten, a su vez, millones de argumentos para seguir sosteniendo este status quo.
No es fácil transformar este círculo vicioso en virtuoso y, en vez de asistir, ayudar a crecer.
Hace unas semanas tuve la oportunidad de visitar México y conocer, además de las zonas turísticas desarrolladas, algunos pueblos más humildes. A unos 10 km de San Cristóbal de las Casas se encuentra San Juan Chamula,. Se trata de una pequeña ciudad de casas bajas muy sencillas, con su típica plaza, mercado, iglesia y oficinas públicas. Mientras estaba llegando me sorprendió ver una enorme cantidad de personas congregadas frente a la pequeña catedral. "Tengo suerte", pensé, "llego justo para ver alguna festividad local". Cuando me acerqué, la multitud que había visto desde lejos, estaba conformada por mujeres. La mayoría, con niños arropados en pañuelos, vestían polleras y ponchos de colores negro y azul, respectivamente (la foto puede dar una idea de lo que cuento). Entusiasmado me acerqué a preguntar de qué se trataba. La aglomeración no era parte de ninguna ceremonia ni de un acontecimiento folclórico sino ese día era en el que se repartían los subsidios/ayuda que otorga el gobierno a personas de bajo recursos. La vestimenta tenía que ver más con un gusto o una moda, que a otra cosa y estas mujeres hacía más de 4 horas que estaban allí, sentadas o paradas, esperando a aparecer en la lista de los beneficiados.
Después de un pequeño paseo por el pueblo que habrá durado unos 45 minutos escucho una voz, por micrófono, que va nombrando a quienes, hoy, les tocaba cobrar. En medio de las miradas de los turistas, como yo (recordaba lo bizarro que me parecen los turistas europeos cuando sacan fotos las protestas y manifestaciones en el pleno centro de la ciudad de Buenos Aires...) , la gente se acercaba a una mesita en la que recibía un documento que, a su vez, lo habilitaba a ir la banco a recibir el dinero. O bien, sino era su día, se iba a su casa a espera la próxima fecha de pago.
Seguramente en varios pueblos o partidos cercanos a nuestra capital podremos ver estas escenas y palpar, de cerca, el clima humano que implica la situación.
Necesitados y aprovechadores, el área pública y las empresas privadas
Quienes vivimos en la Argentina estamos tristemente habituados a convivir con mecanismos de ayuda del estado hacia los más necesitados que no terminan de ser claros y se derraman "gota a gota" por parientes y amigos de quienes deciden a quien corresponde el dinero, cuyo destino genuino, es aliviar a los que menos tienen. Seguramente pasará en otros países, también. Muchas personas, en nuestro país, viven de los planes asistenciales y hasta reclaman mejoras y actualizaciones por inflación. Se genera, así, una verdadera cultura de la pobreza. Un círculo vicioso difícil de romper que implica clientelismo político y más desigualdad.
Sin embargo no deja de ser cierto que, mientras tratamos de mejorar las condiciones para crear más trabajo y de buena calidad, muchas personas deben ser ayudadas a transitar el camino de una mejor condición de empleabilidad y generación de ingresos, teniendo sus necesidades básicas cubiertas.
No sólo en el área publica o gubernamental tenemos estas dificultades. También en el área privada nos encontramos, casi a diario, tomando decisiones respecto a quién debemos favorecer con determinada promoción o dar un "si" o un "no" ante un pedido.
Y es, en los contextos de crisis y escasez de recursos, cuando la falta de equidad se pone más de manifiesto: los gastos fijos deben reducirse, por dónde empezamos ?, es inminente una revisión de los sueldos por aumento del costo vida, todos se lo merecen?, todos son imprescindibles ?, se produjo una vacante en mi pequeña empresa y mi cuñado está sin trabajo, no debo ofrecérsela a él, que además es de confianza ?
Hace tiempo ya, leí un post en el que un consultor resaltaba el paralelismo entre educar a los propios hijos y gestionar equipos de trabajo. Adhiero a esa postura.
La mejor enseñanza que podemos dar a quienes trabajan con nosotros es la de esforzarnos por mejorar, reconocer los errores, colaborar en el logro de los objetivos y valorar a quienes hacen lo mismo.
Probablemente, detrás del problema de los subsidios/la ayuda/la promoción del crecimiento, se encuentre uno tanto o más dificil de afrontar: el del reconocimiento justo.
He tratado de investigar acerca de la brecha entre los salarios mínimos y máximos en diferentes países y no logro dar con información relevante. Probablemente el gap sea mayor en naciones con menor nivel de desarrollo. Y quienes se beneficien gesten, a su vez, millones de argumentos para seguir sosteniendo este status quo.
No es fácil transformar este círculo vicioso en virtuoso y, en vez de asistir, ayudar a crecer.
21.11.09
Despersonalización: el peligro de las grandes empresas
Senior Manager, en un reciente post, aborda el problema de la retención de talentos. Tal como este ejecutivo lo propone, la salida de la crisis promueve el dinamismo en el mercado laboral que, sumado a la facilidad para generar nuevos contactos a través de las redes sociales, generan un ambiente propicio para encontrar nuevas ofertas de trabajo y ponen "en jaque" a los empleadores respecto a cómo lograr que los empleados considerados "clave", sigan en la compañía. Entre las ideas/aportes que, desde su rol gerencial, ha descubierto como exitosas para sostener la motivación y el sentido de pertenencia, se destaca el prestar atención a cada empleado en cuanto a sus necesidades y vida personal. Dicho en otras palabras: sostener una relación individual y personal.
El porqué de un cambio de trabajo
A través de las entrevistas que mantengo con diferentes ejecutivos encuentro, muchas veces, situaciones personales interesantes desde el punto de vista de la psicología del trabajo. Una de ellas es la que quiero compartir y "hacer objetiva" a través de este post:
Hace unos días entrevisté a un profesional, licenciado en sistemas, que aplicaba a una posición de gerente de operaciones para una moderna compañía que brinda servicios de Internet satelital en lugares que no cuentan con otro acceso.
Roberto tiene 34 años y hace 13 que trabaja en una firma, que inicialmente fue argentina, y pasó a formar parte de diversas compañías multinacionales hasta que, desde hace un año, integra uno de los holdings en telecomunicaciones más grandes del mundo.
Roberto se inició como analista y fue creciendo hasta convertirse en uno de los ejecutivos/referentes del área de operaciones. Actualmente tiene a su cargo un equipo de técnicos e ingenieros que se responsabilizan por el mantenimiento de una enorme red de usuarios.
El cambiar de trabajo es, para él, un movimiento que debe realizar con mucho cuidado y análisis. Una antigüedad de 13 años resulta un capital importante, la compañia en la que trabaja constituye un respaldo indudable en cuanto a solidez y estabilidad y el puesto que desempeña (muy respetado dentro la firma) es relevante en relación a su edad y formación.
Qué es lo que lo motiva a pensar en otra alternativa, le pregunto ?
LA RESPUESTA fue "la despersonalización": a pesar de recibir folletos y mails en el que se recalca la importancia de los recursos humanos y de participar de grupos y actividades de capacitación sobre liderazgo y coaching, las actitudes de la empresa muestran que las personas han pasado a ser "un número". Desde hace más de un año parece imposible obtener definiciones respecto de los problemas que se presentan. Cada propuesta o pregunta tiene como respuesta "un procedimiento" que vuelve a repetir lo que ya se sabe o una interminable escalada de consultas a jerarquías remotas que terminan diluyendo la consulta.
Roberto comenta que el último indicio lo tuvieron, hace un mes, cuando recibieron los nuevos passwords de acceso a la Intranet. Desde que todos los empleados tienen acceso a la red interna, ya no es posible generar un nombre de usuario sino que, cada colaborador, tiene asignado un número y una contraseña. Este detalle que, aisladamente tiene poca relevancia, se agrega a la serie de indicios que le quitan sentido al trabajo diario: los números son perfectos, exactos, comparables entre sí, mensurables...pero son lo más alejado de una persona y, vale la pena recordar, que son una creación de los hombres y no, viceversa.
Roberto se siente desaprovechado y hasta algo desilusionado. Pero, sobretodo, se siente impotente ante esta enorme estructura en la que no encuentra participación y en la que no consigue generar transformaciones. Para este coloso de las telecomunicaciones la operación, en Argentina, representa algo así como el 0,8 % de la facturación total...quizás sea ese el motivo por el cual no hay avances.
Alguna vez los habrá ?, se pregunta Roberto.
Algunos compañeros y jefes le sugieren sostener este status quo: la paga es buena, la exigencia no es excesiva y Roberto ya conoce el trabajo y no tiene porqué esforzarse demasiado.
Sin embargo, un antiguo jefe vino a "mover la estantería": le ofrece una posición similar en una compañía más pequeña, en pleno crecimiento, que precisa un líder en el área de operaciones. La remuneración es algo mejor que la recibe actualmente pero el puesto tiene sus riesgos: la empresa es joven, tiene que pagar su "derecho de piso" y , seguramente, invertir esfuerzo y más horas de trabajo que las que está acostumbrado últimamente. A sus 34 años, no lo duda y acepta el desafío.
Cuando las personas pasan a ser recursos.
Los procesos de crecimiento corren el riesgo de alejar a sus colaboradores de la visión-misión o el proyecto. Los grupos de inversión, los accionistas pueden transformar a las organizaciones en entelequias abstractas que pierden la conexión y capacidad de vibrar y compartir con las personas que las hacen sostenerse.
La nómina termina siendo, efectivamente, NOMINA: recursos, costos, beneficios directos o variables...
Y las personas, sobre todas las cosas, queremos ser personas.
El porqué de un cambio de trabajo
A través de las entrevistas que mantengo con diferentes ejecutivos encuentro, muchas veces, situaciones personales interesantes desde el punto de vista de la psicología del trabajo. Una de ellas es la que quiero compartir y "hacer objetiva" a través de este post:
Hace unos días entrevisté a un profesional, licenciado en sistemas, que aplicaba a una posición de gerente de operaciones para una moderna compañía que brinda servicios de Internet satelital en lugares que no cuentan con otro acceso.
Roberto tiene 34 años y hace 13 que trabaja en una firma, que inicialmente fue argentina, y pasó a formar parte de diversas compañías multinacionales hasta que, desde hace un año, integra uno de los holdings en telecomunicaciones más grandes del mundo.
Roberto se inició como analista y fue creciendo hasta convertirse en uno de los ejecutivos/referentes del área de operaciones. Actualmente tiene a su cargo un equipo de técnicos e ingenieros que se responsabilizan por el mantenimiento de una enorme red de usuarios.
El cambiar de trabajo es, para él, un movimiento que debe realizar con mucho cuidado y análisis. Una antigüedad de 13 años resulta un capital importante, la compañia en la que trabaja constituye un respaldo indudable en cuanto a solidez y estabilidad y el puesto que desempeña (muy respetado dentro la firma) es relevante en relación a su edad y formación.
Qué es lo que lo motiva a pensar en otra alternativa, le pregunto ?
LA RESPUESTA fue "la despersonalización": a pesar de recibir folletos y mails en el que se recalca la importancia de los recursos humanos y de participar de grupos y actividades de capacitación sobre liderazgo y coaching, las actitudes de la empresa muestran que las personas han pasado a ser "un número". Desde hace más de un año parece imposible obtener definiciones respecto de los problemas que se presentan. Cada propuesta o pregunta tiene como respuesta "un procedimiento" que vuelve a repetir lo que ya se sabe o una interminable escalada de consultas a jerarquías remotas que terminan diluyendo la consulta.
Roberto comenta que el último indicio lo tuvieron, hace un mes, cuando recibieron los nuevos passwords de acceso a la Intranet. Desde que todos los empleados tienen acceso a la red interna, ya no es posible generar un nombre de usuario sino que, cada colaborador, tiene asignado un número y una contraseña. Este detalle que, aisladamente tiene poca relevancia, se agrega a la serie de indicios que le quitan sentido al trabajo diario: los números son perfectos, exactos, comparables entre sí, mensurables...pero son lo más alejado de una persona y, vale la pena recordar, que son una creación de los hombres y no, viceversa.
Roberto se siente desaprovechado y hasta algo desilusionado. Pero, sobretodo, se siente impotente ante esta enorme estructura en la que no encuentra participación y en la que no consigue generar transformaciones. Para este coloso de las telecomunicaciones la operación, en Argentina, representa algo así como el 0,8 % de la facturación total...quizás sea ese el motivo por el cual no hay avances.
Alguna vez los habrá ?, se pregunta Roberto.
Algunos compañeros y jefes le sugieren sostener este status quo: la paga es buena, la exigencia no es excesiva y Roberto ya conoce el trabajo y no tiene porqué esforzarse demasiado.
Sin embargo, un antiguo jefe vino a "mover la estantería": le ofrece una posición similar en una compañía más pequeña, en pleno crecimiento, que precisa un líder en el área de operaciones. La remuneración es algo mejor que la recibe actualmente pero el puesto tiene sus riesgos: la empresa es joven, tiene que pagar su "derecho de piso" y , seguramente, invertir esfuerzo y más horas de trabajo que las que está acostumbrado últimamente. A sus 34 años, no lo duda y acepta el desafío.
Cuando las personas pasan a ser recursos.
Los procesos de crecimiento corren el riesgo de alejar a sus colaboradores de la visión-misión o el proyecto. Los grupos de inversión, los accionistas pueden transformar a las organizaciones en entelequias abstractas que pierden la conexión y capacidad de vibrar y compartir con las personas que las hacen sostenerse.
La nómina termina siendo, efectivamente, NOMINA: recursos, costos, beneficios directos o variables...
Y las personas, sobre todas las cosas, queremos ser personas.
4.9.09
¿Formación vs Experiencia?
Como suele suceder: cuando el agua baja se puede observar toda la suciedad que hay en el fondo.
En épocas de menos movimiento en cuanto a ofertas de trabajo se ponen de manifiesto todas las dificultades y problemas que estaban "disimulados" por el ruido de la actividad económica.
Uno de los aspectos que hace tiempo viene llamándome la atención es la brecha que se produce entre la formación que recibimos y las necesidades del mercado en cuanto a habilidades y conocimientos.
Profesionales que nunca han trabajado
Cuando hace unos años reinicié mi actividad como docente universitario, me encontré con cursos del último año de la universidad en los que más del 60 % de los alumnos nunca habían trabajado. Recuerdo que, poco tiempo después de este "descubrimiento" tuve la oportunidad de coincidir en una reunión de docentes, con el rector de la Institución, preguntarle sobre el tema y recibir, como respuesta, algo así como "en las más prestigiosas universidades del mundo los alumnos no tienen tiempo de trabajar, sólo se dedican al estudio. Egresan con tan buena formación que enseguida son contratados por empresas re primer nivel". (Existen interesantes trabajos sobre el tema)
En agosto comencé con el dictado de clases de este año y, entre los estudiantes comentaron, que percibían que la facultad no los preparaba para insertarse en el mercado laboral. No habían tenido experiencia de campo y sentían que recién, próximamente y con el título bajo el brazo, empezarían a aprender, realmente, cómo es el trabajo.
Sin embargo un candidato que entrevisté días atrás fue el más llamativo en cuanto a distancia entre cargo y formación: se trata de un Director de Operaciones que quedó desvinculado de una firma dedicada a la conexión de antenas satelitales, redes y banda ancha, luego de uan fusión con una poderosa multinacional. Se postula a un cargo similar en una empresa más pequeña, del mismo rubro. Al parecer el CEO ya había intentado contactarlo en varias oportunidades mientras estaba trabajando en la compañía anterior.
Cuando inicio la entrevista y pregunto por sus estudios me entero que abandonó el colegio secundario, sin haber llegado a finalizar el segundo año (14 años). A los 15 comenzó a trabajar, destacándose especialmente en el área técnica y operativa. Progresó y cambió de trabajo hasta que llegó a una compañía pequeña en la que lideró el área desde el inicio, hasta alcanzar la dirección de operaciones.
Fue interesante un comentario espontáneo y "en broma" (?): "no se lo digas a mis hijos, saben que no terminé el secundario pero no, que lo dejé tan pronto. Quiero que sigan estudiando !"
Por último y para terminar con un ejemplo personal - y quizás es este consejo lo que me impulsa encarar, el tema - : tuve una recomendación respecto a la conveniencia de concretar algún estudio de posgrado formal que "agilizaría" mi carrera docente y le daría proyección. Y lo estoy considerando.
Por el momento, cada quién se sentirá cómodo dedicando energía al estudio, al análisis, o a la práctica conformando, así, su perfil laboral. Para quienes tengan gente a su cargo el desafío es generar a cada quién el puesto que le siente mejor y para quienes busquen su lugar, esforzarse por sentirse a gusto y compensados por lo que hacen.
En épocas de menos movimiento en cuanto a ofertas de trabajo se ponen de manifiesto todas las dificultades y problemas que estaban "disimulados" por el ruido de la actividad económica.
Uno de los aspectos que hace tiempo viene llamándome la atención es la brecha que se produce entre la formación que recibimos y las necesidades del mercado en cuanto a habilidades y conocimientos.
Profesionales que nunca han trabajado
Cuando hace unos años reinicié mi actividad como docente universitario, me encontré con cursos del último año de la universidad en los que más del 60 % de los alumnos nunca habían trabajado. Recuerdo que, poco tiempo después de este "descubrimiento" tuve la oportunidad de coincidir en una reunión de docentes, con el rector de la Institución, preguntarle sobre el tema y recibir, como respuesta, algo así como "en las más prestigiosas universidades del mundo los alumnos no tienen tiempo de trabajar, sólo se dedican al estudio. Egresan con tan buena formación que enseguida son contratados por empresas re primer nivel". (Existen interesantes trabajos sobre el tema)
En agosto comencé con el dictado de clases de este año y, entre los estudiantes comentaron, que percibían que la facultad no los preparaba para insertarse en el mercado laboral. No habían tenido experiencia de campo y sentían que recién, próximamente y con el título bajo el brazo, empezarían a aprender, realmente, cómo es el trabajo.
Ejecutivos que no han estudiado
A través de mi trabajo tengo la oportunidad de conocer a una gran cantidad de personas que ocupan cargos de toda jerarquía en diferentes clases de empresas. Varias veces me topé con ejecutivos que ocupan posiciones importantes y que contaban con una formación académica pobre en relación con lo esperable por su responsabilidad.
Hace unos años, por ejemplo, evalué a una persona que ocupaba la dirección administrativa de una moderna empresa tecnológica y que no había finalizado sus estudios básicos universitarios. Me consutó por un análisis de su carrera laboral ya que estaba desvinculándose de esta compañía y estudiando opciones respecto a qué rumbo debía tomar su desarrollo, en el futuro. En ese momento consideré que el gap entre los cargos ocupados y la falta de un título formal podía obstruir su ingreso a empresas con las que no tuviese un contacto cercano, casi personal. Unas semanas atrás vi anunciado, en el periódico, que mi consultante había iniciado su propio emprendimiento asociado con otro inversor.Sin embargo un candidato que entrevisté días atrás fue el más llamativo en cuanto a distancia entre cargo y formación: se trata de un Director de Operaciones que quedó desvinculado de una firma dedicada a la conexión de antenas satelitales, redes y banda ancha, luego de uan fusión con una poderosa multinacional. Se postula a un cargo similar en una empresa más pequeña, del mismo rubro. Al parecer el CEO ya había intentado contactarlo en varias oportunidades mientras estaba trabajando en la compañía anterior.
Cuando inicio la entrevista y pregunto por sus estudios me entero que abandonó el colegio secundario, sin haber llegado a finalizar el segundo año (14 años). A los 15 comenzó a trabajar, destacándose especialmente en el área técnica y operativa. Progresó y cambió de trabajo hasta que llegó a una compañía pequeña en la que lideró el área desde el inicio, hasta alcanzar la dirección de operaciones.
Fue interesante un comentario espontáneo y "en broma" (?): "no se lo digas a mis hijos, saben que no terminé el secundario pero no, que lo dejé tan pronto. Quiero que sigan estudiando !"
Por último y para terminar con un ejemplo personal - y quizás es este consejo lo que me impulsa encarar, el tema - : tuve una recomendación respecto a la conveniencia de concretar algún estudio de posgrado formal que "agilizaría" mi carrera docente y le daría proyección. Y lo estoy considerando.
Vale la pena estudiar ?
Esta pregunta que varias veces hemos podido escuchar de adolescentes cercanos, poniéndonos en apuros, y haciéndonos tomar una posición firme pero no del todo convincente, parece tener más asidero que nunca. El paradigma que indica que "a mayor formación, mayor posibilidad de progreso laboral" parece estar resquebrajándose. Nunca sabremos cuál es la perfecta combinación entre un aspecto y el otro pero si tenemos cada vez más inidicadores que muestran que las fórmulas matemáticas no aplican, tampoco en este caso y que los viejos modelos, se ponen en duda. Seguramente, en poco tiempo, veremos nuevas formas de eneseñar, contenidos aggiornados y docentes con otro esquema de pensamiento. Quizás los cambios se dieron con demasiada rapidez y la transición que nos toca vivir nos confunde.Por el momento, cada quién se sentirá cómodo dedicando energía al estudio, al análisis, o a la práctica conformando, así, su perfil laboral. Para quienes tengan gente a su cargo el desafío es generar a cada quién el puesto que le siente mejor y para quienes busquen su lugar, esforzarse por sentirse a gusto y compensados por lo que hacen.
29.8.09
Las secuelas de la crisis - Motivación: Maslow tenía razón -
Trabajando con un grupo de responsables del área de operaciones, me propuse indagar acerca de cuáles eran los incentivos que podían motivar a estas personas en su trabajo, con el fin de diseñar un paquete de premios "customizados", a medida de sus usuarios. La idea fue la de relevar qué aspectos serían percibidos como muy valorables para recompensar adecuadamente a quienes lo mereciesen, tratando de mantener la equidad. El equipo mencionado completó, entonces, una encuesta en la que debía ponderar del 1 al 10 una serie factores/beneficios que podía brindar la empresa, de acuerdo a la importancia que tenían para ellos.
Estos eran los factores:
Que se le encargue la resolución de un problema difícil
Que se le permita tener más tiempo libre
Que se le ofrezca un curso de capacitación referido a sus intereses
Que se le compren nuevos y mejores elementos de trabajo
Que le asignen un Plan de Carrera para seguir desarrollándose en la Compañía
Que le posibiliten un aumento de un 20 % en su sueldo de acuerdo a un plan de remuneración variable por resultados
Que le permitan trabajar en un proyecto nuevo
Que lo cambien de posición de acuerdo a un programa de rotación por diferentes puestos
Que lo inviten a formar parte de las reuniones de Gerentes y Directores
Que se le ofrezca ser el Capacitador de los nuevos ingresantes al Area
La encuesta era anónima y puedo pensar que, por las características del grupo, fue objetiva. Al analizar los resultados, el factor que mayor cantidad de votos tuvo fue el que se refería a un adherir a un Plan de Carrera . El segundo más votado fue el programa de rotación por diferentes áreas de la empresa . Contra todos los pronósticos, recién en quinto lugar aparecía el ítem "asignación variable por resultados".
"La gente no trabaja sólo por el sueldo", comentó uno de los directores y "tienen poca ambición, no le s gusta el desafío", dijo el Gerente del Area.
Era cierto, el factor de interés más cercano a la remuneración figuraba entre los aspectos percibidos como un valor intermedio entre los intereses.
El contexto
En períodos en los que la fuente de trabajo está en peligro, probablemente, los intereses se vuelquen hacia el logro de la seguridad y estabilidad. No sería extraño que en las compañías con las que interactuamos o incluidos en la plantilla veamos, por un buen tiempo, actitudes que tiendan a reafirmar el vínculo con la empresa, dejando de lado otros aspecto que, hace un año, parecían/eran los más relevantes. Maslow tenía razón cuando definía la pirámide motivacional: recién una vez que las necesidades básicas están satisfechas empiezan a aparecer otras motivaciones.
Estos eran los factores:
Que se le encargue la resolución de un problema difícil
Que se le permita tener más tiempo libre
Que se le ofrezca un curso de capacitación referido a sus intereses
Que se le compren nuevos y mejores elementos de trabajo
Que le asignen un Plan de Carrera para seguir desarrollándose en la Compañía
Que le posibiliten un aumento de un 20 % en su sueldo de acuerdo a un plan de remuneración variable por resultados
Que le permitan trabajar en un proyecto nuevo
Que lo cambien de posición de acuerdo a un programa de rotación por diferentes puestos
Que lo inviten a formar parte de las reuniones de Gerentes y Directores
Que se le ofrezca ser el Capacitador de los nuevos ingresantes al Area
La encuesta era anónima y puedo pensar que, por las características del grupo, fue objetiva. Al analizar los resultados, el factor que mayor cantidad de votos tuvo fue el que se refería a un adherir a un Plan de Carrera . El segundo más votado fue el programa de rotación por diferentes áreas de la empresa . Contra todos los pronósticos, recién en quinto lugar aparecía el ítem "asignación variable por resultados".
"La gente no trabaja sólo por el sueldo", comentó uno de los directores y "tienen poca ambición, no le s gusta el desafío", dijo el Gerente del Area.
Era cierto, el factor de interés más cercano a la remuneración figuraba entre los aspectos percibidos como un valor intermedio entre los intereses.
El contexto
En períodos en los que la fuente de trabajo está en peligro, probablemente, los intereses se vuelquen hacia el logro de la seguridad y estabilidad. No sería extraño que en las compañías con las que interactuamos o incluidos en la plantilla veamos, por un buen tiempo, actitudes que tiendan a reafirmar el vínculo con la empresa, dejando de lado otros aspecto que, hace un año, parecían/eran los más relevantes. Maslow tenía razón cuando definía la pirámide motivacional: recién una vez que las necesidades básicas están satisfechas empiezan a aparecer otras motivaciones.
La motivación
Uno de los puntos más difíciles de evaluar, para los selectores y evaluadores, son las motivaciones. En general solemos, a través de lo que llamamos empatía, ponernos en el lugar del entrevistado y comprender qué es lo que espera del puesto al que postula. A través de la historia personal, su hoja de vida/Curriculum, los aspectos/rasgos de personalidad que inferimos a través de pruebas específicas y que definen su perfil aboral podemos ponderar y tratar de encontrar sentido al "qué espera del trabajo", teniendo en cuenta el contexto. Las crisis tienen un fuerte peso en las motivaciones inmediatas. Y debemos ser cuidadosos en valorarlo adecuadamente para no engañar/nos y generar/generarnos expectativas que pueden ser de corto plazo.
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