Acabo de volver de mis vacaciones y, nuevamente (el año pasado también me pasó), me tocó trabajar desde afuera del país.
Suelo irme 30 días, en enero. Este es el 5to año que lo hago.
Y esta fue la primera vez que comuniqué, claramente, que "todo enero" no iba a estar en la Argentina. Siempre me daba algo de miedo decir que tomaba un mes de vacaciones. Y de culpa, creo. Pero me estoy poniendo más grande y más sano.
Esta vez tuve bastante trabajo. Además de los estudios psicotécnicos (cuento con un equipo de profesionales que entrevistan a los candidatos, administran las técnicas y me envían el material escaneado para que pueda hacer el informe), tuve unas cuantas entrevistas con potenciales candidatos. Cuando recibía el CV, pactaba con el postulante una horario para encontrarme por skype, teniendo en cuenta la diferencia horaria. No tuve dificultades, la única vez que no se concretó la reunión virtual fue por mi culpa: había tardado más de lo previsto en llegar a mi hotel, desde la playa.
Los encuentros fueron muy productivos, aunque no contaron con la imagen porque prefería asegurarme que el ancho de banda estuviese disponible para transmitir la conversación. Probablemente, si hubiese estado en ciudades más importantes y con mejor servicio de Internet, hubiese podido "ver" a mis entrevistados.
Incluso concreté un cliente nuevo que me consultó a través del site: le envié un presupuesto, verifiqué que lo había recibido y contesté sus dudas. Me pidieron una evaluación y la puse en marcha. Y hasta gestioné, a la distancia, el reclamo del pago porque tardaron en transferirme.
Finalmente, también hablé por skype con un cliente - diciéndole que le hablaba desde Medellín! - y me encargó una búsqueda que me implicó poner un anuncio y hacer las primeras gestiones del reclutamiento y selección de posibles candidatos.
Cuando regresé estaba ansioso por hablar, sobre todo, con mi cliente, el que había necesitado que entreviste candidatos por skype. Y me soprendió cuando me dijo, naturalmente, "funcionó el sistema, te agradezco que me hayas seguido en la dinámica y me hayas respondido o enviado informes un sábado o un domingo". Claro, yo no tenía problemas: para mí era lo mismo cualquier día de la semana!
Pensándolo, hubo momentos en que me planteaba si, realmente, eran vacaciones. Si no debía, literalmente, "desconectarme" y relajarme.
El planteo duraba hasta el primer chapuzón en ese mar tibiecito y transparente!
Charlándolo con un amigo pensamos que depende del estilo personal de cada uno la posibilidad de juntar "trabajo y esparcimiento". Hay quienes prefieren cortar con todo.
Y qué pasará en el futuro?
Probablemente existan más vacaciones mezcladas con el trabajo.
Seguramente se acabarán los fines de semana.
Y, también, las empresas achicarán sus oficinas ya que aprenderemos a trabajar y generar vínculos sin necesidad del contacto "cara a cara".
Cualquiera puede aventurar pronósticos, yo también!!
Y hay quienes pensarán que las mías no son vacaciones. Pero yo tiendo a
pensar que la posibilidad de vivir todo el año de vacaciones, está más
cerca.
Mostrando las entradas con la etiqueta globalización. Mostrar todas las entradas
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10.2.14
29.9.13
Ojos que no ven...
"En el más remoto confín de la China vive un Mandarín
inmensamente rico, al que nunca hemos visto y del cual ni siquiera
hemos oído hablar. Si pudiéramos heredar su fortuna, y para
hacerle morir bastara con apretar un botón, sin que nadie lo supiese,
¿quién de nosotros no apretaría ese botón?"
(René de Chateaubriand)
Este texto fue escrito a principios de 1800. Probablemente haya tardado decenas de años en ser traducido al español y habrán pasado otros tantos para que fuese impreso y llegase a ser leído en lo que en aquel entonces era el Virreinato del Rio de la Plata.
Como hubiese imaginado este autor, que un par de siglos después, seríamos capaces de contar con imágenes y datos, "en vivo", que nos permiten saber qué está pasando en cualquier momento en cualquier lugar del planeta.
Sin embargo la excusa "del ojos que no ven" sigue aplicando en estas épocas de globalización. De alguna manera, no estar presentes es como no tener vínculo alguno con quien puede verse afectado con nuestras decisiones.
Tenemos noticias que nos muestran que grandes y, supuestamente respetadas, empresas exigen por demás a su personal, evaden impuestos o descuidan el medio ambiente pero logramos darnos explicaciones que justifiquen nuestras conductas y seguimos consumiendo los productos que nos ofrecen. En definitiva, hacemos lo que nos conviene (por lo menos a corto plazo).
Cuidamos nuestro propio lugar y sólo nos cuestionamos nuestros valores cuando somos nostros mismos quienes debemos ponerlos en juego.
Cuando necesitamos que se trabaje un sábado o más horas que las habituales, el caso de generar un lugar de trabajo poco adecuado, la falta recursos para realizar la tarea, o cuando pedimos la comida en un restaurant de mala manera o nos retrasamos con el pago a alguien con nos haya prestado un servicio...la lista podría ser interminable.
Recién cuando el contacto es directo y personal, tomamos conciencia que las indicaciones, pedidos o exigencias que hacemos a nuestros colaboradores o proveedores tienen un verdadera influencia sobre sus vidas.
Recordar que aunque estemos lejos, nuestras conductas tienen impacto se ha hecho más evidente en esta era de la información compartida.
Seremos capaces de trabajar para que el mundo del trabajo sea más humano, aunque cada vez sea más frecuente el "apretar botones"?
inmensamente rico, al que nunca hemos visto y del cual ni siquiera
hemos oído hablar. Si pudiéramos heredar su fortuna, y para
hacerle morir bastara con apretar un botón, sin que nadie lo supiese,
¿quién de nosotros no apretaría ese botón?"
(René de Chateaubriand)
Este texto fue escrito a principios de 1800. Probablemente haya tardado decenas de años en ser traducido al español y habrán pasado otros tantos para que fuese impreso y llegase a ser leído en lo que en aquel entonces era el Virreinato del Rio de la Plata.
Como hubiese imaginado este autor, que un par de siglos después, seríamos capaces de contar con imágenes y datos, "en vivo", que nos permiten saber qué está pasando en cualquier momento en cualquier lugar del planeta.
Sin embargo la excusa "del ojos que no ven" sigue aplicando en estas épocas de globalización. De alguna manera, no estar presentes es como no tener vínculo alguno con quien puede verse afectado con nuestras decisiones.
Tenemos noticias que nos muestran que grandes y, supuestamente respetadas, empresas exigen por demás a su personal, evaden impuestos o descuidan el medio ambiente pero logramos darnos explicaciones que justifiquen nuestras conductas y seguimos consumiendo los productos que nos ofrecen. En definitiva, hacemos lo que nos conviene (por lo menos a corto plazo).
Cuidamos nuestro propio lugar y sólo nos cuestionamos nuestros valores cuando somos nostros mismos quienes debemos ponerlos en juego.
Cuando necesitamos que se trabaje un sábado o más horas que las habituales, el caso de generar un lugar de trabajo poco adecuado, la falta recursos para realizar la tarea, o cuando pedimos la comida en un restaurant de mala manera o nos retrasamos con el pago a alguien con nos haya prestado un servicio...la lista podría ser interminable.
Recién cuando el contacto es directo y personal, tomamos conciencia que las indicaciones, pedidos o exigencias que hacemos a nuestros colaboradores o proveedores tienen un verdadera influencia sobre sus vidas.
Recordar que aunque estemos lejos, nuestras conductas tienen impacto se ha hecho más evidente en esta era de la información compartida.
Seremos capaces de trabajar para que el mundo del trabajo sea más humano, aunque cada vez sea más frecuente el "apretar botones"?
22.1.13
El amplio mundo del trabajo
Las vacaciones son para descansar, algo así como lo
contrario de cansarse.
La imagen de “no hacer nada” se nos aparece inmediatamente
cuando pensamos en “descanso”.
Pero descansar también puede entenderse como hacer algo diferente,
lo contrario a cansarse de hacer lo mismo. Para mí las vacaciones significan
cambiar la rutina, vivir cosas diferentes.
Para mí, vacaciones, si es posible, es igual a viajar.
Viajar implica una andanada de cosas nuevas. Lugares, medios
de transporte, clima, comida, actividades y, sobre todas las cosas, el contacto
con gente igual, pero diferente. Este
año elegimos Panamá. Hace unos 20 días que estamos recorriendo el país e
interactuando con panameños y personas de los lugares más remotos que trabajan
aquí o, como nosotros, decidieron conocer esta parte del mundo. Quizás por el
momento de mi vida o quizás porque me interesa la temática en este viaje me
impresionó, más que en otros, la diversidad de trabajos y modalidades de vida.
Desde un chofer de unos 70 años, jubilado que nos contaba
con orgullo como la parte de moderna de Panamá no tiene nada que enviarle a
Manhattan y que vive del dinero que le da el estado más el ingreso extra que le
genera su trabajo – lo que nosotros llamaríamos remís – y que me hizo acordar a
la Argentina con la diferencia que este hombre está terminando de pagar su
propia casa que compró en el ‘95 con un crédito a 25 años. Hasta un argentino,
ingeniero en informática, que trabaja en forma remota para E-Bay y vive, desde hace
un año, en un velero, anclado en un archipiélago de esos que están rodeados de
islas con palmeras y aguas tranquilas, totalmente transparentes: cuando lo
necesita se acerca en un gomón al continente, cobra su cheque y hace las
compras que precisa. Maravilloso, no es cierto?
También encontré muchos norteamericanos cansados del
“american way of life” y que optaron por invertir en pequeñas propiedades, en
zonas turísticas, convertirlas en posadas y mudarse junto con su familia o su
pareja. Michael y Michelle, por ejemplo, habían cambiado Alaska por un pueblo
de pescadores en la costa del Pacífico, en el que “levantaron” unas pequeñas
cabañas pque alquilan a turistas y que les permiten vivir con todas las
comodidades y disfrutar todos los días de la playa y las frutas tropicales.
Joan y Steven, en cambio, padres de dos mellizos de 9 años
eligieron una ciudad más grande. Ellos están contentos que sus hijos asistan a
una buena escuela privada en la que se contactan con gente de todo el mundo y
que poco a poco ya eran bilingües en español e inglés, su lengua nativa.
Un italiano que hablaba un perfecto castellano rioplatense
me contó que, desde hace cinco años, está recorriendo Sudamérica porque la ONG
en la que trabaja se dedica a implementar planes de educación en poblaciones
necesitadas: había desarrollado su tarea en los cantegriles de Uruguay, en una
población pequeña de la provincia de Santa Fe y, actualmente, estaba asignado
en Haití.
Catalanes que habían montado un agencia que brindaba tours y
excursiones de buceo, argentinos gerenciando restaurantes, colombianos
dedicados a la fotografía de fauna y tribus indígenas locales, venezolanos
buscando alternativas que no encontraban en su país y trabajadores locales
contentos de la pesca diaria y la venta de sus productos a turistas y
restaurantes…
El mundo del trabajo parece inacabable y lleno de
posibilidades.
Si bien estamos condicionados por nuestra educación para
encontrar formas de sustento y realización personal, pocas veces tomamos
conciencia que está en nosotros la posibilidad de elegir. Quizás recordarlo o “darse cuenta” nos
permita disfrutar de nuestra decisión, la de tener el trabajo que tenemos y la
forma en que lo hacemos. También genera
el respeto por la diversidad, un sacudón a nuestra omnipotencia que, tantas
veces, nos hace pensar y “dar cátedra” de cómo deben ser las cosas.
El mundo del trabajo es amplio, rico y maravilloso.
Pero también está lleno de desigualdades e injusticias: se hace difícil pensar en elegir cuando se
tiene la panza vacía. Eso también lo enseñan los viajes y una mirada abierta.
Probablemente el desafío para lograr una mejor calidad de vida sea el de
brindar posibilidades.
Esta es otra parte de la misma historia que merece ser
contada y de la que hay que ocuparse.
13.11.11
Dar y promover el trabajo
A quien tenga hambre no le des pescado, enseñale a pescar.
Este proverbio de origen incierto bien puede ser considerado como "bíblico". Aunque no profesemos ninguna religion, lo "biblico" es percibido como una especie de ley que, tarde o temprano, se cumplira. Es así como el trabajo hace honor a esta enseñanza ancestral: "al que tenga hambre, enseñale a trabajar", podría adaptarse esta máxima.
Sin embargo, muchas veces, decidimos "dar pescado" para conseguir resultados rápidos o para calmar las exigencias. Quizás, estos últimos años de recomposicion de salarios y logros sindicales hayan sido útiles para distribuir de una manera mas equitativa la "torta de pescados": es un placer ver como muchos han progresado y generaron una mejor calidad de vida. Sin embargo la política de dar pescado debe ser analizada con atención ya que quienes no están recibiendo ayuda se sienten mal recompensados, probablemente ahorren algo de esfuerzo y sean menos productivos en sus propias tareas y, consecuentemente, la próxima torta no sera tan grande o nutritiva como la anterior.
Asistimos, semana a semana, a pequeñas o grandes situaciones que representan estas conflictivas y generan tensiones, amenazas de paros y discusiones poco fructíferas que conforman un verdadero circulo vicioso en el que todos, finalmente, perderemos.
Parecería que el proverbio se transformase en "a quien tenga hambre, enseñale a pedir".
Buscar únicos responsables, a manera de chivo expiatorio, en los sindicatos o el gobierno, es una manera de evitar la responsabilidad de cada uno de nosotros, como actores de esta puesta en escena.
Posicionarse como víctima solo genera polarizacion y, poco a poco, nos encontraremos buscando la manera de presionar a clientes y proveedores para conseguir aumentos o disminuciones de costos.
Quizás la solución a estos dilemas debe elaborarse en conjunto para conseguir beneficios mutuos y consensuados. Encarar las dificultades con una mentalidad abierta y buena disposicion que permita que cada una de las partes pueda cumplir con sus intereses.
Tenemos por delante el desafío de ser verdaderos profesionales, expertos en lo que hacemos:
Construir soluciones, ser confiables y equitativos.
Tomar recaudos, pero sin exagerar.
Invertir y producir para generar beneficios y que estos beneficios alcancen a todos los que participan del trabajo.
Deberiamos ir poniendonos de acuerdo en el COMO.
Seremos capaces?
Este proverbio de origen incierto bien puede ser considerado como "bíblico". Aunque no profesemos ninguna religion, lo "biblico" es percibido como una especie de ley que, tarde o temprano, se cumplira. Es así como el trabajo hace honor a esta enseñanza ancestral: "al que tenga hambre, enseñale a trabajar", podría adaptarse esta máxima.
Sin embargo, muchas veces, decidimos "dar pescado" para conseguir resultados rápidos o para calmar las exigencias. Quizás, estos últimos años de recomposicion de salarios y logros sindicales hayan sido útiles para distribuir de una manera mas equitativa la "torta de pescados": es un placer ver como muchos han progresado y generaron una mejor calidad de vida. Sin embargo la política de dar pescado debe ser analizada con atención ya que quienes no están recibiendo ayuda se sienten mal recompensados, probablemente ahorren algo de esfuerzo y sean menos productivos en sus propias tareas y, consecuentemente, la próxima torta no sera tan grande o nutritiva como la anterior.
Asistimos, semana a semana, a pequeñas o grandes situaciones que representan estas conflictivas y generan tensiones, amenazas de paros y discusiones poco fructíferas que conforman un verdadero circulo vicioso en el que todos, finalmente, perderemos.
Parecería que el proverbio se transformase en "a quien tenga hambre, enseñale a pedir".
Buscar únicos responsables, a manera de chivo expiatorio, en los sindicatos o el gobierno, es una manera de evitar la responsabilidad de cada uno de nosotros, como actores de esta puesta en escena.
Posicionarse como víctima solo genera polarizacion y, poco a poco, nos encontraremos buscando la manera de presionar a clientes y proveedores para conseguir aumentos o disminuciones de costos.
Quizás la solución a estos dilemas debe elaborarse en conjunto para conseguir beneficios mutuos y consensuados. Encarar las dificultades con una mentalidad abierta y buena disposicion que permita que cada una de las partes pueda cumplir con sus intereses.
Tenemos por delante el desafío de ser verdaderos profesionales, expertos en lo que hacemos:
Construir soluciones, ser confiables y equitativos.
Tomar recaudos, pero sin exagerar.
Invertir y producir para generar beneficios y que estos beneficios alcancen a todos los que participan del trabajo.
Deberiamos ir poniendonos de acuerdo en el COMO.
Seremos capaces?
15.10.09
Trabajar en empresas multinacionales y la diversidad cultural
Quienes trabajamos en forma independiente solemos tener cierta envidia de los colegas que ganan un sueldo y tienen asegurado un ingreso fijo. Además de la estabilidad - un valor muy importante en estos tiempos - cuentan con una serie de beneficios que, cuando no están cubiertos, pasan a formar parte de una especie de lastre / gastos fijos: telefonía celular, cobertura médica, a veces auto/compañía, computadora portátil, etc. Estas ventajas tienen mayor relevancia, aún, cuando se trata de compañías multinacionales en las que, aparentemente, el impacto de las turbulencias financieras está amortiguado por una imagen de solidez y previsibilidad.
Sin embargo no todas son flores y pasto verde en el jardín del vecino. El pertenecer a una gran estructura tiene, también, su costo.
Veamos:
¿Oportunidad o presión?
Alejandra es la gerente financiera de la filial argentina de una importante compañía proveedora de insumos médicos-hospitalarios. Está casada, tiene dos hijas (9 y 5 años) y hace cuatro años que trabaja en la compañía. Ingresó como analista senior y fue promovida a la gerencia financiera hace dos años. Su reporte directo está en Brasil, la casa matriz de la compañía, en USA. Hace un año un colaborador de Alejandra trabajó en la filial de Brasil durante tres meses. Por su desempeño le propusieron trasladarse a México en donde continúa con su carrera.
A principios de año, Alejandra tuvo una reunión con su jefe, en Brasil. En esa oportunidad le consultaron la posibilidad de trasladarse, con toda su familia, a Brasil y hacerse cargo del área financiera de esa filial ya que el responsable actual deja la compañía.
Además del halago que significa el reconocimiento y la oportunidad de mayor desarrollo (y una mejor remuneración), para Alejandra, la propuesta significa una encrucijada: no quiere mudarse a otro país pero sabe que decir que no, puede implicar un "alto" en su carrera y hasta una futura desvinculación.
Alejandra ha dicho que sí, aunque está, practicamente segura que no aceptará la oferta pero, aún, no se anima a decirlo.
¿Especialización o anulamiento del potencial?
Marcela es una especialista en finanzas. Durante más de 5 años trabajó en uno de los estudios de auditoría de los considerados Big Four. Hace 6 meses la contactaron de una importante firma petrolera multinacional, para ofrecerle formar parte de una búsqueda para el equipo de finanzas. Entusiasmada se sumó a un proceso de selección que incluyó tres entrevistas con personas responsables del área en Argentina, dos evaluaciones de sus competencias técnicas (una de ellas consistía en generar un modelo de informe de gestión que le llevó más de seis horas de trabajo en su casa), pruebas psicotécnicas y dos conferencias telefónicas con el gerente regional, en inglés.
Finalmente, Marcela fue seleccionada y capacitada durante un mes en las oficinas centrales, en Dallas. Contenta - y cansada - se integró al equipo para descubrir, luego de algunas semanas que el trabajo que debía realizar estaba tan organizado y los procedimientos tan definidos que, si bien la función era interesante por el tipo de proyecciones que se realizaban, el trabajo en sí mismo era absolutamente monónotono y desestimaba la posibilidad de algún aporte personal. La carga de datos en un sistema de gestión y la conciliación de esos datos con los resultados obtenidos por otras áreas, no requería más que "prestar atención". Llegó un momento en que Marcela, para ir a trabajar, lo único que necesitaba era su Ipod. Si se lo olvidada era una tortura, por lo aburrida que se sentía. Finalmente renunció y, actualmente, está buscando otras oportunidades.
Diversidad cultural
Uno de los grandes desafíos de este mundo globalizado es el de comprender los intereses y motivaciones de las personas inmersas en códigos diferentes. El contexto cultural le da sentido a las acciones de cada uno. Y las conductas, actitudes, reacciones y expresiones tendrán un significado distinto y, muchas veces, inesperado respecto a lo previsible o esperable.
Tanto Alejandra como Marcela interpretaron la información que recibieron de las respectivas compañías de acuerdo a motivaciones poco comprensibles para sus empleadores. Tampoco ellas fueron del todo claras en la expresión de sus expectativas. En un caso por temor a perder el empleo y en el otro, por idealizar a la corporación. Ambas partes son responsables - así como lo somos todos los que formamos parte del circuito laboral - de generar mayor madurez en cuanto al contrato psicológico, entre empleado y empleador,
La realización personal y profesional son diferentes para cada cultura.
Es el respeto y la posibilidad de ponerse en el lugar del otro lo que permitirá relaciones más ricas y productivas, en el más amplio sentido de la palabra.
Sin embargo no todas son flores y pasto verde en el jardín del vecino. El pertenecer a una gran estructura tiene, también, su costo.
Veamos:
¿Oportunidad o presión?
Alejandra es la gerente financiera de la filial argentina de una importante compañía proveedora de insumos médicos-hospitalarios. Está casada, tiene dos hijas (9 y 5 años) y hace cuatro años que trabaja en la compañía. Ingresó como analista senior y fue promovida a la gerencia financiera hace dos años. Su reporte directo está en Brasil, la casa matriz de la compañía, en USA. Hace un año un colaborador de Alejandra trabajó en la filial de Brasil durante tres meses. Por su desempeño le propusieron trasladarse a México en donde continúa con su carrera.
A principios de año, Alejandra tuvo una reunión con su jefe, en Brasil. En esa oportunidad le consultaron la posibilidad de trasladarse, con toda su familia, a Brasil y hacerse cargo del área financiera de esa filial ya que el responsable actual deja la compañía.
Además del halago que significa el reconocimiento y la oportunidad de mayor desarrollo (y una mejor remuneración), para Alejandra, la propuesta significa una encrucijada: no quiere mudarse a otro país pero sabe que decir que no, puede implicar un "alto" en su carrera y hasta una futura desvinculación.
Alejandra ha dicho que sí, aunque está, practicamente segura que no aceptará la oferta pero, aún, no se anima a decirlo.
¿Especialización o anulamiento del potencial?
Marcela es una especialista en finanzas. Durante más de 5 años trabajó en uno de los estudios de auditoría de los considerados Big Four. Hace 6 meses la contactaron de una importante firma petrolera multinacional, para ofrecerle formar parte de una búsqueda para el equipo de finanzas. Entusiasmada se sumó a un proceso de selección que incluyó tres entrevistas con personas responsables del área en Argentina, dos evaluaciones de sus competencias técnicas (una de ellas consistía en generar un modelo de informe de gestión que le llevó más de seis horas de trabajo en su casa), pruebas psicotécnicas y dos conferencias telefónicas con el gerente regional, en inglés.
Finalmente, Marcela fue seleccionada y capacitada durante un mes en las oficinas centrales, en Dallas. Contenta - y cansada - se integró al equipo para descubrir, luego de algunas semanas que el trabajo que debía realizar estaba tan organizado y los procedimientos tan definidos que, si bien la función era interesante por el tipo de proyecciones que se realizaban, el trabajo en sí mismo era absolutamente monónotono y desestimaba la posibilidad de algún aporte personal. La carga de datos en un sistema de gestión y la conciliación de esos datos con los resultados obtenidos por otras áreas, no requería más que "prestar atención". Llegó un momento en que Marcela, para ir a trabajar, lo único que necesitaba era su Ipod. Si se lo olvidada era una tortura, por lo aburrida que se sentía. Finalmente renunció y, actualmente, está buscando otras oportunidades.
Diversidad cultural
Uno de los grandes desafíos de este mundo globalizado es el de comprender los intereses y motivaciones de las personas inmersas en códigos diferentes. El contexto cultural le da sentido a las acciones de cada uno. Y las conductas, actitudes, reacciones y expresiones tendrán un significado distinto y, muchas veces, inesperado respecto a lo previsible o esperable.
Tanto Alejandra como Marcela interpretaron la información que recibieron de las respectivas compañías de acuerdo a motivaciones poco comprensibles para sus empleadores. Tampoco ellas fueron del todo claras en la expresión de sus expectativas. En un caso por temor a perder el empleo y en el otro, por idealizar a la corporación. Ambas partes son responsables - así como lo somos todos los que formamos parte del circuito laboral - de generar mayor madurez en cuanto al contrato psicológico, entre empleado y empleador,
La realización personal y profesional son diferentes para cada cultura.
Es el respeto y la posibilidad de ponerse en el lugar del otro lo que permitirá relaciones más ricas y productivas, en el más amplio sentido de la palabra.
17.6.09
Diez propuestas de Buen Management
Como comentásemos en el post anterior, les dejamos con una serie de propuestas hechas por personas para las personas (los managers también son personas).
Podrán observar que para nada son prepotentes ni rebuscadas… y son más bien sencillas y pensadas en función de mejorar la relación entre la empresa y sus empleados, a través de la dirección.
Diez propuestas de Buen Management
1.- El Management se fundamenta en el ejemplo y no en un edicto de la norma. Por eso es importante ser coherente con lo que se pregona: La austeridad, por ejemplo, debe demostrarse con los hechos (incluidos los gastos particulares).
2.- La comunicación interna demuestra ser el mejor medio para transmitir el objetivo del proyecto, por lo que es también el mejor vehículo de Management. El uso de las nuevas herramientas 2.0 es un “must”.
3.- Las reuniones entre directivos y mandos medios generan un espacio que permite evacuar dudas y hacer sugerencias, así que hay que promoverlas. Los mandos medios deberán, a su vez, hacer circular esta información entre sus colaboradores y generar un “ida y vuelta” que permita llenar los vacíos/interrogantes que inevitablemente se generan.
4.- La sensación de que las decisiones que se toman son justas y necesarias, son las que promueven un sentimiento de pertenencia y orgullo y crean solidez. Por eso el Management debe afianzar esa sensación.
5.- Comunicar el “por qué” de las decisiones aunque sean duras, eso es lo que las personas más valoran.
6.- Escuchar alternativas, valorar las sugerencias y reconocerlas, es la mejor forma de hacer Management (lo cual no equivale a aceptarlas, pero sí a considerarlas).
7.- Lo importante es ser cautos y honestos con las personas que componen la organización. Es importante no adelantarse a los hechos ni hacer falsas promesas para sostener artificialmente un clima de paz en el corto plazo.
8.- Como managers, debemos estar abiertos a ideas diferentes y a reflexionar sobre nuestras propias actitudes. Esta actitud marcará la diferencia durante los momentos más difíciles.
9.- Las situaciones que vivimos a diario deben servirnos para implementar nuevos recursos respecto a nuestro equipo, pares y superiores, incluyendo nuestros clientes y proveedores. Por lo que hemos de aprender con cada situación una lección.
10.- Como profesionales, debemos ser capaces de saber cambiar, y nunca tomar esta actitud adaptativa como un signo de debilidad. Por el contrario, hemos de integrarla a nuestras acciones como uno de los mensajes de mayor efectividad en nuestra gestión.
Reflexión: Los que trabajamos en empresas o asesorando a empresas, tenemos el verdadero pulso de lo que pasa allí adentro (laboralmente hablando), y sabemos muy bien si se está aplicando el Management de forma correcta o no. Es por eso que podemos emitir opiniones objetivas sobre la gestión de las personas dentro de las mismas, el resto es simple palabrerío.
Les dejamos las preguntas, que Andrés Ubierna hiciera hace unos días en su blog, haciendo referencia al mal uso del Management, como punto final:
1) ¿Cuál es el impacto en la efectividad organizacional de las incoherencias entre el discurso y el comportamiento?
2) ¿Qué hacemos, además de hablar de ellas y reírnos (hablar de ellas ya es una aporte de valor, y el humor una estrategia interesante para hacerlo) para disminuir esta distancia entre discurso y comportamiento?
El Management nunca había estado tan vigente como ahora.
Podrán observar que para nada son prepotentes ni rebuscadas… y son más bien sencillas y pensadas en función de mejorar la relación entre la empresa y sus empleados, a través de la dirección.
Diez propuestas de Buen Management
1.- El Management se fundamenta en el ejemplo y no en un edicto de la norma. Por eso es importante ser coherente con lo que se pregona: La austeridad, por ejemplo, debe demostrarse con los hechos (incluidos los gastos particulares).
2.- La comunicación interna demuestra ser el mejor medio para transmitir el objetivo del proyecto, por lo que es también el mejor vehículo de Management. El uso de las nuevas herramientas 2.0 es un “must”.
3.- Las reuniones entre directivos y mandos medios generan un espacio que permite evacuar dudas y hacer sugerencias, así que hay que promoverlas. Los mandos medios deberán, a su vez, hacer circular esta información entre sus colaboradores y generar un “ida y vuelta” que permita llenar los vacíos/interrogantes que inevitablemente se generan.
4.- La sensación de que las decisiones que se toman son justas y necesarias, son las que promueven un sentimiento de pertenencia y orgullo y crean solidez. Por eso el Management debe afianzar esa sensación.
5.- Comunicar el “por qué” de las decisiones aunque sean duras, eso es lo que las personas más valoran.
6.- Escuchar alternativas, valorar las sugerencias y reconocerlas, es la mejor forma de hacer Management (lo cual no equivale a aceptarlas, pero sí a considerarlas).
7.- Lo importante es ser cautos y honestos con las personas que componen la organización. Es importante no adelantarse a los hechos ni hacer falsas promesas para sostener artificialmente un clima de paz en el corto plazo.
8.- Como managers, debemos estar abiertos a ideas diferentes y a reflexionar sobre nuestras propias actitudes. Esta actitud marcará la diferencia durante los momentos más difíciles.
9.- Las situaciones que vivimos a diario deben servirnos para implementar nuevos recursos respecto a nuestro equipo, pares y superiores, incluyendo nuestros clientes y proveedores. Por lo que hemos de aprender con cada situación una lección.
10.- Como profesionales, debemos ser capaces de saber cambiar, y nunca tomar esta actitud adaptativa como un signo de debilidad. Por el contrario, hemos de integrarla a nuestras acciones como uno de los mensajes de mayor efectividad en nuestra gestión.
Reflexión: Los que trabajamos en empresas o asesorando a empresas, tenemos el verdadero pulso de lo que pasa allí adentro (laboralmente hablando), y sabemos muy bien si se está aplicando el Management de forma correcta o no. Es por eso que podemos emitir opiniones objetivas sobre la gestión de las personas dentro de las mismas, el resto es simple palabrerío.
Les dejamos las preguntas, que Andrés Ubierna hiciera hace unos días en su blog, haciendo referencia al mal uso del Management, como punto final:
1) ¿Cuál es el impacto en la efectividad organizacional de las incoherencias entre el discurso y el comportamiento?
2) ¿Qué hacemos, además de hablar de ellas y reírnos (hablar de ellas ya es una aporte de valor, y el humor una estrategia interesante para hacerlo) para disminuir esta distancia entre discurso y comportamiento?
El Management nunca había estado tan vigente como ahora.
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