A quien tenga hambre no le des pescado, enseñale a pescar.
Este proverbio de origen incierto bien puede ser considerado como "bíblico". Aunque no profesemos ninguna religion, lo "biblico" es percibido como una especie de ley que, tarde o temprano, se cumplira. Es así como el trabajo hace honor a esta enseñanza ancestral: "al que tenga hambre, enseñale a trabajar", podría adaptarse esta máxima.
Sin embargo, muchas veces, decidimos "dar pescado" para conseguir resultados rápidos o para calmar las exigencias. Quizás, estos últimos años de recomposicion de salarios y logros sindicales hayan sido útiles para distribuir de una manera mas equitativa la "torta de pescados": es un placer ver como muchos han progresado y generaron una mejor calidad de vida. Sin embargo la política de dar pescado debe ser analizada con atención ya que quienes no están recibiendo ayuda se sienten mal recompensados, probablemente ahorren algo de esfuerzo y sean menos productivos en sus propias tareas y, consecuentemente, la próxima torta no sera tan grande o nutritiva como la anterior.
Asistimos, semana a semana, a pequeñas o grandes situaciones que representan estas conflictivas y generan tensiones, amenazas de paros y discusiones poco fructíferas que conforman un verdadero circulo vicioso en el que todos, finalmente, perderemos.
Parecería que el proverbio se transformase en "a quien tenga hambre, enseñale a pedir".
Buscar únicos responsables, a manera de chivo expiatorio, en los sindicatos o el gobierno, es una manera de evitar la responsabilidad de cada uno de nosotros, como actores de esta puesta en escena.
Posicionarse como víctima solo genera polarizacion y, poco a poco, nos encontraremos buscando la manera de presionar a clientes y proveedores para conseguir aumentos o disminuciones de costos.
Quizás la solución a estos dilemas debe elaborarse en conjunto para conseguir beneficios mutuos y consensuados. Encarar las dificultades con una mentalidad abierta y buena disposicion que permita que cada una de las partes pueda cumplir con sus intereses.
Tenemos por delante el desafío de ser verdaderos profesionales, expertos en lo que hacemos:
Construir soluciones, ser confiables y equitativos.
Tomar recaudos, pero sin exagerar.
Invertir y producir para generar beneficios y que estos beneficios alcancen a todos los que participan del trabajo.
Deberiamos ir poniendonos de acuerdo en el COMO.
Seremos capaces?
13.11.11
25.9.11
Vida personal y trabajo
El viernes a la tarde terminamos de combinar una reunión, con
un cliente. Nos pusimos de acuerdo en encontrarnos el lunes y que, ante
cualquier cambio, podríamos ponernos en contacto durante el fin de semana. Yo estaría
disponible – incluso hice un broma respecto a que por mi condición de consultor
independiente, muchas veces trabajo los fines de semana. Mi interlocutora,
bromeo también sobre nuestra adicción al trabajo ya que seguimos conectados, “sábados
y domingos”.
Desde hace un tiempo que vengo notando que no solo los
profesionales independientes trabajamos los fines de semana, cada vez más
seguido mis clientes – que en su gran mayoría, trabajan bajo relación de
dependencia – me contestan los correos durante el fin de semana, encuentro
mails a las 6 de la tarde de un domingo, o a la mañana de un sábado; y ni que
hablar de un día de semana a última hora de la noche – casi madrugada – o a las
6 de la mañana…
Quizás la primera reflexión se oriente a caer en la crítica
usual hacia las herramientas de comunicación que hacen que estemos
permanentemente en line y a la empresa que nos lo exigen. Sin embargo se me
vienen a la cabeza grandes ventajas, más que puntos negativos: varias veces
puedo jugar al tennis a las 4 de la tarde y dejar el blackberry en el banquito,
junto a la funda de la raqueta, y revisarlo apenas termino (o entre set y set,
porque no) o irme de vacaciones y llevarme la laptop a una mesita al lado de la
playa y redactar un informe al lado del mar. También puedo ir a un acto del
colegio de mi hijo, almorzar (o “dormir una siesta” en el medio del día) con mi
mujer y seguir trabajando inmediatamente.
Podemos pensar que la vida personal y laboral se mezcla o no
se diferencian?
Tendremos que aprender a conectarnos y desconectarnos, rápidamente?
Traerá más situaciones de stress?
O que se está modificando el paradigma que dice que “hay que
ir al trabajo”, cuando en realidad para llevar a cabo algunos trabajos; no hay
que ir a ningún lado?
Tenemos que aprender a aprovechar, la posibilidad de estar fácilmente
conectados?
Probablemente estemos viviendo una revolución respecto a la interacción
entre la vida personal y el trabajo que generara nuevas competencias entre los
trabajadores y modificaciones culturales en las empresas y en la sociedad.
Y, como sucede en todo cambio, implica resistencias, temor a
lo desconocido y, también, idealizaciones. Veremos cómo las resolvemos.
Lo que sí es seguro es que no podremos estar ajenos.
11.9.11
El trabajo en serie en vez del trabajo en serio
Las
personas nos llaman cuando tienen un problema para resolver. Y los problemas
son siempre “personales”, ya sea que se trate de dificultades en el ámbito
familiar o de situaciones que requieren una solución en la organización en la
que la persona trabaja. De la misma manera, cuando somos convocados por una
organización, también se trata de “personas con algo para resolver”.
Desde el
punto de vista del consultor debemos ser cuidadosos en que las “personas con
temas para resolver” no se transformen
en los “mismos temas para resolver de diferentes personas”. Luego de varias
consultas, tendemos a generalizar y pensar que muchos problemas son similares
o que requieren la misma solución.
En los
trabajos de psicología clínica es habitual escuchar la historia personal y tener la
sensación que la gran parte de la situación general del paciente es la que
debiera cambiar y que este cambio generaría que los problemas por los cuales
recibimos la consulta, desaparecerían. Es así como estamos tentados de dar
indicaciones o consejos que, de alguna manera, son indicaciones de “cómo vivir
la vida”. En general termina sucediendo que los pacientes son - por suerte – bastante resistentes a estos
consejos y los escuchan sin prestarles mucha atención o bien se sienten un poco
contrariados y los cuestionan. Los casos mas graves son aquellos que se sienten
culpables por no poder cumplir o – peor todavía – los que los cumplen y
comprueban que tampoco eso daba resultado, lo cual no hace mas que reafirmar
que su problema es imposible de solucionar o que ellos son imposibles de ser
ayudados.
Pasa lo
mismo con las organizaciones: cuando recibimos una consulta, a los pocos
minutos de sentarnos a escuchar empezamos
a sentir algo así como “como puede ser que suceda esto o lo otro”, “este
empleado jamás tendría que estar ocupando tal o cual puesto”,” si no comunican
bien desde ya que tendrán los problemas que tienen”, “esto es lo mismo que pasa
en otras compañías”, etc., etc.
Un ejemplo
Hace unas
semanas visite una organización, filial de una enorme y reconocida marca
multinacional. Conocía sus características porque unos meses atrás analice una
encuesta de clima laboral que incluyo una serie de entrevistas a los
responsables de cada área. Este grupo de gerentes está conformado por una
mayoría de personas idóneas-no profesionales que hace mas de 10 años que están
en la compañía. Aunque no son demasiado grandes, parecen estar conformes con el
puesto actual y no muestran deseos de cambiar depuesto ni de compañía. La
empresa “funciona” y no tienen demasiadas exigencias por parte de la casa
matriz, con lo cual no existe presión para modificaciones estructurales. En
pocas palabras la gente esta cómoda, las condiciones de contratación son
bastante buenas y nadie se quiere ir…Al parecer, ni el gerente general – un
expatriado – quiere generar movimientos que impliquen cambios de importancia.
La
tentación de decir “todo esto está mal” esta a la vista, sin embargo el motivo
de la consulta es otro: las continuas fricciones que se generan entre las
diferentes áreas y la susceptibilidad de los
de cada equipo de trabajo que, en vez de contener a los integrantes de
su grupo, se involucran en la contienda hacen que el clima entre los equipos de
trabajo termine siendo tenso.
Como ayudar a esta organización?
Inicialmente
pensé que debía reunirme con el gerente general y dejar en claro que esta situación
es el resultado de la falta de innovación de sus nomina y de una especie de “síndrome
de agua estancada”: debe renovarse para no resultar un caldo de cultivo para el
crecimiento de de pequeños organismos que terminar infectándola y echándola a
perder.
Sin embargo
la propuesta llego, una vez más, de la propia compañía (de la misma manera que
los pacientes hacen surgir su forma de resolver los conflictos por los que
transitan): interactuando con el grupo de gerentes, resolvimos que trabajaremos
para generar proyectos nuevos que permitan que los gerentes de determinada los lideren
en áreas que no son las propias. De esta manera se generara mayor interacción,
una nueva mirada y mayor cohesión.
De nuevo
las organizaciones me enseñan como llevan adelante sus procesos y como logran destrabar sus dificultades para
destrabar el crecimiento. Debemos ser cuidadosos y no enseñarle como vivir,
tampoco a las compañías.
En las próximas
semanas nos reuniremos para definir cuáles serán estos nuevos proyectos.
Y veremos
como sigue esta historia.
31.7.11
Tiene un costo emocional, el esfuerzo?
Hace una
semana entreviste a un muchacho llamado Roberto, que estaba aplicando a un
puesto de empleado de depósito. Me llamo la atención la manera en que vestía (además
de unas zapatillas caras, traía una campera de cuero de muy buena calidad). Me conto
que había nacido en una localidad de la Pcia. de Buenos Aires y que había
venido a la Capital para jugar al futbol. Poco a poco me fui enterando como había
sido descubierto por River y el cambio de vida que implico trasladarse, a los
13 años, a la gran ciudad para entrenarse todos los días y, al mismo tiempo,
continuar con su escolaridad. Los entrenadores vieron en él un gran potencial y
notaba como sus compañeros iban quedando atrás y volvían a sus hogares mientras
le exigían más entrenamiento pero acompañados de verdaderos logros deportivos.
Roberto comenzó a entrenar con el seleccionado Sub 20, llego jugar un mundial y
obtuvo contratos en Suiza y en Ecuador. Cuando empezó a recibir una paga considerable
ayudaba a sus padres económicamente, se sentía grande y - aunque era realmente
sacrificado - no podía dejar ese lugar admirado por sus amigos y valorado -
necesitado - por su familia. Tan grande se sentía que, a los 15 años, se
fue a vivir con su novia, también de 15. "Si estábamos todo el día juntos
y yo podía bancar los gastos, porque no íbamos a vivir juntos", me dice
Roberto, casi asombrado de la vida que vivió. Así fue como estando en Suiza, le
ofrecieron ir a jugar a Indonesia.
Sin embargo, en una de sus estadías en
Buenos Aires, empezó a sentirse agotado. Ya no podía soportar la idea de
alejarse de nuevo de sus amigos, vivir entrenando y cuidándose y someterse a
los gritos y exigencias de los entrenadores que se encargaban de hacerle saber
que había unos cuantos esperando que aflojase, para tomar su puesto. Roberto decidió
dejar el futbol a los 23 años. Después de pasar tres meses de verano sin hacer
nada más que pasarla bien, ingreso a trabajar como repositor en un
supermercado. "La verdad es que la pasaba genial. Pocos saben lo que es
sacrificarse de verdad. Los días de calor, me caían algunas gotitas de transpiración
y era divertido, ni comparar lo que me hacían transpirar cuando
entrenaba". Su contacto con el futbol sigue ya que juega en el club de la
ciudad en la que nació. Y está luchando porque asciendan de división. "Lo
que más me gusta es que los chicos se acerquen y me pidan consejo", me
cuenta. "Ahora quiero seguir trabajando y estudiar algo sencillo. Todavía
no sé lo que quiero hacer."
Habitualmente
interrogo y me interrogo respecto del equilibrio entre el costo emocional y el
esfuerzo por el logro. Esta especie de bola de nieve imparable y retro
alimentante que hace que las personas terminen frustradas o enfermas a pesar de
sus aparentes grandes logros.
Roberto conto
con los recursos internos suficientes para percibir su punto límite, pero cual será
el de cada uno.
Hace tiempo,
también, me entere de un caso-ejemplo muy conocido: saben Uds. que Rafael Nadal es diestro y que empezó jugando con
las dos manos porque apenas tenía fuerza y su tío decidió que jugase con
la izquierda? Muchos dirán: "que ejemplo de esfuerzo y mira hasta donde ha
llegado".
Ya veremos a donde ha llegado... espero que haya
valido la pena!21.7.11
Las enseñanzas del coaching - La humildad -
"Estoy preocupado por la cantidad de horas que le dedico a mi trabajo", así comenzó Alejandro uno de nuestros últimos encuentros. "Siempre critiqué a mi viejo que, cuando estaba en mi casa, se la pasaba haciendo cosas pendientes y nos daba poca bolilla y yo me encuentro haciendo exactamente lo mismo", fue otro de sus comentarios. "La semana pasada tuve que viajar a USA, como tenía que pasar un fin de semana la incluí a mi mujer en el programa y, finalmente, no logré desconectarme de la máquina ni el sábado ni el domingo".
Roberto me llamó y pidió: "Gabriel, me ayudás que tengo una conversación con mi jefe, mañana, y quiero pensar cómo encarar algunos temas?". Cuando ya estábamos charlando, agregó: "estoy enojado porque hace meses me prometieron un ajuste de mi sueldo y me lo vienen postergando, quiero hablar de eso".
Los dos ejemplos corresponden a profesionales respecto de los temas conversados con su coach.
Alejandro está sobrepasado por su trabajo y parece no encontrar el punto justo para balancear su vida laboral con su vida personal. Da la sensación que su grado de responsabilidad es alto, lo mismo que su compromiso y que lo que debe tener en cuenta es la posibilidad de delegar, poner en claro los plazos y ciertos límites para preservarse.
Roberto tiene problemas más sencillos y concretos, hasta de baja complejidad, que corresponden a una jerarquía menor: tiene que pensar cómo encarar una conversación con su jefe que incluya, entre otras cosas, su malestar por un sueldo desactualizado.
Las apariencias engañan: Roberto es el Gerente General, totalmente consolidado en su posición y respetado por su equipo y por su superior regional. Alejandro asumió una gerencia hace unos cinco meses, está asustado por las nuevas responsabilidades y, todavía, inseguro respecto a sus propias posibilidades de éxito.
Me llama la atención la humildad de quienes tienen una jerarquía más alta y poder de decisión. La facilidad con la que pueden pedir ayuda en temas que parecen sencillos. Y como contrapartida, es notable la manera de disfrazar temas simples pero profundos por problemas de una falsa complejidad y "que corresponden" a un alto grado de responsabilidad.
Quizás tenga que ver con la seguridad que brinda la posición que ocupan "los que deciden" o, lo que es más probable, es que estén ocupando la posición porque son humildes y capaces de pedir ayuda cuando lo precisan.
Roberto me llamó y pidió: "Gabriel, me ayudás que tengo una conversación con mi jefe, mañana, y quiero pensar cómo encarar algunos temas?". Cuando ya estábamos charlando, agregó: "estoy enojado porque hace meses me prometieron un ajuste de mi sueldo y me lo vienen postergando, quiero hablar de eso".
Los dos ejemplos corresponden a profesionales respecto de los temas conversados con su coach.
Alejandro está sobrepasado por su trabajo y parece no encontrar el punto justo para balancear su vida laboral con su vida personal. Da la sensación que su grado de responsabilidad es alto, lo mismo que su compromiso y que lo que debe tener en cuenta es la posibilidad de delegar, poner en claro los plazos y ciertos límites para preservarse.
Roberto tiene problemas más sencillos y concretos, hasta de baja complejidad, que corresponden a una jerarquía menor: tiene que pensar cómo encarar una conversación con su jefe que incluya, entre otras cosas, su malestar por un sueldo desactualizado.
Las apariencias engañan: Roberto es el Gerente General, totalmente consolidado en su posición y respetado por su equipo y por su superior regional. Alejandro asumió una gerencia hace unos cinco meses, está asustado por las nuevas responsabilidades y, todavía, inseguro respecto a sus propias posibilidades de éxito.
Me llama la atención la humildad de quienes tienen una jerarquía más alta y poder de decisión. La facilidad con la que pueden pedir ayuda en temas que parecen sencillos. Y como contrapartida, es notable la manera de disfrazar temas simples pero profundos por problemas de una falsa complejidad y "que corresponden" a un alto grado de responsabilidad.
Quizás tenga que ver con la seguridad que brinda la posición que ocupan "los que deciden" o, lo que es más probable, es que estén ocupando la posición porque son humildes y capaces de pedir ayuda cuando lo precisan.
Temas:
coaching
0
comentarios
12.6.11
Las intervenciones en temas de recursos humanos pueden tener aristas variadas.
La posibilidad de aportar algún valor en actividades que son poco estructuradas son inciertas y difíciles de predecir:
Hace unas semanas fui convocado. por una importante empresa de energía, para coordinar una reunión de gerentes de todas las áreas que, juntos, debían trabajar en propuestas de mejora del clima laboral de la compañía. Mi trabajo consistía en organizar a los participantes en grupos y promover el intercambio y debate en base a un listado de temas emergentes de la última encuesta.
El encuentro se llevó a cabo en una quinta, el gerente general se acercó para inaugurar la jornada y un alto ejecutivo del área corporativa de Recursos Humanos se acercó para participa y brindar apoyo a la reunión.
Lo cierto es que no sabía, con precisión, cuál sería mi rol y estaba más preocupado por hacer cumplir los tiempos para que puedan debatirse todos los temas prefijados, que en mantener una actitud abierta para comprender la dinámica de la organización.
A medida que fueron transcurriendo las horas los debates se hacían más intensos y, la mayoría de las veces, me daba la sensación que serían infructuosos. Algunos grupos proponían ideas demasiado generales y otros analizaban tanto, las alternativas, que no llegaban a plasmarse en propuestas concretas. Sin embargo, surgieron planteos interesantes, que permitieron un rico intercambio. Poco a poco algunos puntos fueron tomando forma y otros quedaron difusos. Me encargué de sintetizar las ideas y de marcar algunas características del grupo gerencial y de su forma de encarar la iniciativa
Una semana después le gerente de recursos humanos convocó a una nueva reunión, esta vez más reducida y sin mi coordinación en el que expuso las ideas más relevantes y logró programar un plan de acción con tiempos de realización que acaba de ser aprobado (según me comentaron) por la dirección regional de recursos humanos.
En esta oportunidad mi figura parece haber sido la de un generador del intercambio. La pretensión de intervenir y dirigir la actividad no es siempre lo que necesita el grupo de trabajo. La experiencia nos enseña que existen diferentes roles y que tenemos que estar abiertos a asumirlos, independientemente de nuestras necesidades. Las que importan son las de las personas que requieren de nuestros servicios.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
